
El presidente Sánchez entre otros síntomas, sufre el síndrome de Estocolmo.
Ha pactado con Junts, lo que antes era plan ómnibus para reducirlo al microbús, de 80 puntos han quedado en 29, el PP. estaba dispuesto gratuitamente a apoyar esa votación, suprimiendo las cesiones. Votaría si a la subida de pensiones y otras ayudas, pero al pactar con Junts, cede a los separatistas la televisión española segunda cadena que ahora será todo en catalán, han cedido al PNV el palacete de Paris donde hoy está el Instituto Cervantes, que en caso de ceder seria al gobierno vasco que es diferente, hoy PNV, mañana Psoe, o Bildu.
Todos los ministros del gobierno decían que el plan ómnibus no se reduciría que se votaría completo todo junto, cuando 24 horas después se trocea, dejando a todo el gobierno como embusteros profesionales.
El gobierno podía pactar lo mismo con el PP., que de esta manera no cedería ni el palacete de París ni el segundo canal de tve.
Pero no, decide pactar, con el opresor, con quien le amarga la existencia, con quien le humilla, hasta citarle a reuniones en Suiza.
El síndrome de Estocolmo, es cuando la víctima, ve al opresor no tan malo, sino que llega justificarle, a entender al opresor que no sería tan malo y la victima algo haría, es delirante el personaje, la inmoralidad es de tal tamaño, que es un caso de estudio en psiquiatría, es amoral, su falta de empatía es increíble.
Sus ministros verse obligados a mentir, mentiras matutinas, mentiras vespertinas, perder toda decencia por un puesto pasajero, perder la dignidad ante la familia, amigos, no entiendo que esa pedida de decencia pueda ser justificada, no solo ante amigos sino ante uno mismo.
La degradación en política es muy alarmante, muy alarmante, a la situación que hemos llegado.
La indecencia habita en el poder.



