“Dos buenos deseos”. José Castro López

09 Xaneiro 2025

Para continuar con el guion del buen estado de ánimo que caracterizó las fiestas
navideñas, me atrevo a formular en este comentario dos deseos nobles y necesarios para
el año nuevo que está comenzando.
El primero enlaza con la petición de los presidentes autonómicos en sus mensajes de fin
de año que exigían una política útil frente a la bronca y a la crispación delirantes. Los
mandatarias pidieron abandonar el frentismo instalado en el Gobierno y en la oposición,
en los medios de comunicación, en las mismas instituciones y también en algunos
sectores de la sociedad.
La polarización, esa pulsión de considerar al otro como enemigo, no como portadores
de otros puntos de vista, es la característica de la España de ahora. “Llevados por un
pesimismo antropológico se podría pensar que las dos Españas siguen enfrentadas a
cara de perro bajo el signo de Caín. Y no es cierto”, escribió Manuel Vicent. El odio que
exudan algunos políticos, añade el escritor valenciano, no está en la calle. De modo que
ojalá que en el año 2025 políticos y ciudadanos templemos el ánimo y seamos más
comprensivos con quienes discrepan de nosotros.
Mucho sosiego para todos, pedía un internauta. Que a los que mandan, añadía, no se les
siga yendo la olla porque los ciudadanos, de derechas y de izquierdas, tenemos derecho
a la tranquilidad”. Serenidad en el debate público, pedía el Rey en Nochebuena, como
paso previo al consenso para abordar los grandes problemas del país.
Puestos a ser ambiciosos, ahí va el segundo deseo: que 2025 sea el año de la
regeneración democrática, tantas veces prometida y siempre relegada. Se trata de
recuperar la trasparencia y erradicar la corrupción que cerca al Gobierno, al partido que
lo sustenta y a instituciones del Estado, como la Fiscalía.
Tranquiliza saber que están trabajando en ello la prensa, el ojo vigilante de la sociedad
como contrapeso del poder; la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) con
sus técnicas avanzadas para investigaciones complejas; y la Justicia, el árbitro final
encargado de determinar culpabilidades e impartir sentencia. La capacidad y
colaboración coordinada y respetuosa entre estos tres actores fortalece esa lucha contra
el cáncer de la democracia que hay que eliminar antes de que acabe con la democracia
misma. Más que un deseo para 2025, es una esperanza.
Pedir la vuelta al sosiego político y el fin de la corrupción son dos peticiones
razonables. Pero un ciudadano bien informado sabe que el año nuevo recibe como
herencia costumbres perversas. Como esa que indica que comportamientos deleznables
evidentes ya no abochornan en los aledaños del poder, se comprenden y hasta se
justifican.
Por tanto, pensar que en el año nuevo serán realidad los dos deseos formulados es una
utopía tantástica, algo así como esperar peras del olmo. Pero por soñar que no quede.

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