Le toca la lotería y llora.
Cuando hablamos de los premios de la lotería, me dice, amigo mío me toco la mejor lotería, y comienza a dejar caer unas lágrimas entre suspiro y suspiro.
Me entristece.
La escucho, hace unos días mi hijo hizo una colonoscopia en el hospital, como consecuencia de que su padre falleció de cáncer.
Yo en esos días lo pase muy mal.
Ayer me llamo y me dijo, tengo los resultados, esos segundos de espera parecieron años, también es cierto, por la voz pensé, nada grave, nada malo puede ser, tal vez unos pólipos, no será nada grave.
Pero no, todo bien, absolutamente todo bien.
Es tanta mi alegría, que te digo es el mejor regalo de navidad, no sabes cuánto sufrí.
La observo, su rostro de felicidad la hace más bella.
Ella me dice, amigo mío, si los hijos supieran lo que sufren los padres o madres, su dolor es nuestro dolor.
Si, tristemente lo sabrán tarde, cuando ellos sean padres, o madres.
La persona inteligente aprende de los errores ajenos, el tonto de su propia experiencia.
Antes de abandonar la mesa, le digo; tu felicidad, es un poco mi propia felicidad.




