
Al hablar de Ceuta se puede preguntar por las razones que provocaron aquella entrada masiva, por la responsabilidad de Marruecos, que utiliza a sus ciudadanos como escudos políticos, por la política migratoria de España, por el control de las fronteras, por razones geopolíticas… Pero no se puede poner en duda la realidad que vive la ciudad, que salta a la vista en miles de imágenes impactantes.
Una de ellas es la del niño marroquí abrazado a un militar español. El pequeño se cuelga de su cuello buscando protección en una mano amiga para no sentirse solo en un mundo desconocido y hostil. “Llévame contigo”, parece decir al soldado.
Es una escena que representa parte del drama que viven, según algunas estimaciones, unos 8.000 inmigrantes, de ellos más de un millar de niños, como este pequeño, que vagan por las calles o están escondidos y duermen hacinados en instalaciones improvisadas, sin comida, sin la higiene elemental y, sobre todo, sin el calor de una familia. Esta es la realidad cruel que obliga a atender a los niños, los más vulnerables -seis niñas ya fueron violadas, y a todos los que aún están en Ceuta.
La segunda imagen impactante es la del presidente Juan José Vivas, que cuenta el problema de su ciudad y reclama ayuda. Lo hizo ante el Parlamento Europeo y ante los españoles después de ser recibido por el Rey, del que recibió apoyo, cariño y aliento. Vivas dijo que la situación de Ceuta es insostenible, alejada de la normalidad, y que no puede aguantar sola. “La seguridad de Ceuta está en manos de un tercero, Marruecos, que no reconoce nuestra soberanía”, afirmó con un tono sosegado, incluso contenido. Salvadas las distancias, su discurso recuerda al del presidente de Ucrania, que va por el mundo pidiendo que no abandonen a su país.
También dijo que “todos deben volver a Marruecos”. En este sentido, si la colaboración del reino alauita fue tan buena, como dijo el Gobierno español, ¿por qué no negocia con él la repatriación de los adultos? ¿Por qué España no cambia la legislación para que los niños marroquíes puedan volver con sus padres? Mientras eso no ocurra, hay que proteger la frontera sur de Europa y a las personas desvalidas, sobre todo a los niños, que son los más indefensos. Lo que no se puede hacer es quedarse quietos ante una emergencia humanitaria de esta envergadura que afecta a miles de seres humanos.
No se trata de convertir una tragedia humana en un arma política. Se trata de entender que en Ceuta hay personas, entre ellas niños, que no entienden de geopolítica ni de estrategias diplomáticas. Solo saben que necesitan ayuda.
Estas dos imágenes de Ceuta impresionan. Un niño que se abraza a un soldado y un presidente que pide que no abandonen a su ciudad. Uno pide protección con los brazos; el otro pide ayuda con la palabra. Los dos están diciendo lo mismo: no nos dejéis solos.



