“Leer y reír en Madrid” – José Castro López

01 Xuño 2026

El viernes se inauguró la Feria del Libro de Madrid, una de las más importantes del mundo, y este año sus responsables han elegido el lema “Leer y reír” como fórmula de resistencia ante la realidad prosaica y también para reivindicar la tradición humorística de la literatura española, empezando por El Quijote.

Tendrán especial protagonismo figuras como Jonathan Coe, representante de la sátira británica contemporánea; David Safier, autor de algunas de las novelas humorísticas más leídas; o Maitena, referente del humor gráfico argentino.

Que el humor esté presente en la muestra madrileña es muy oportuno porque una encuesta reciente del CIS señala que la mayoría de los españoles sigue creyendo que España “tiene sentido del humor”, aunque un 57% admite haber evitado contar un chiste por miedo a ser malinterpretado o señalado. Esa autocensura es síntoma de que la conversación privada está contaminada por la realidad política pública en la que predomina la crispación y, con ella, se resiente el humor, una forma de pensamiento crítico.

A pesar de todo, los españoles practican el humor, aunque con más límites para bromear que hace diez años. La gente siente que puede reír menos, pero al mismo tiempo necesita reír más porque cuando la realidad se vuelve áspera, el humor se convierte en mecanismo de defensa y casi de supervivencia. Decía un librera en el Retiro que “a día de hoy o nos reímos o nos tiramos por un puente”.

En un contexto político y social tan cargado como el actual -marcado por la polarización política y mediática, la crispación, la desinformación…-, España vive en un estado de agotamiento emocional y el humor puede funcionar como una válvula de escape: sirve para relativizar, para tomar distancia y para no dejarnos arrastrar por la gravedad de lo cotidiano. Cuando la política se convierte en un espectáculo bochornoso, el humor nos salva de sucumbir víctimas de esas mismas escenas lamentables.

Por eso, que la encuesta muestre que España, que es tierra de grandes humoristas, aún conserva la capacidad de apreciar y expresar lo cómico, lo irónico o lo absurdo de tantas situaciones significa que todavía existe un espacio donde podemos encontrarnos sin trincheras ideológicas. Porque el humor es un lenguaje capaz de unir a personas que no piensan igual: permite reír juntos, mirar nuestro entorno con imaginación, detectar contradicciones y devolvernos una realidad más amable sin renunciar a la crítica.

En una España asfixiada por el ruido político permanente, el humor no es un lujo cultural. Es una forma de higiene mental y también una manera de defendernos como sociedad, no para ignorar los problemas, sino para afrontarlos sin rompernos por dentro. Porque mientras seamos capaces de reír juntos, seguirá existiendo un espacio común donde reconocernos como ciudadanos, pensemos como pensemos.

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