
Madre, error, gravísimo error.
Un atardecer en la terraza, mesa colindante un niño, chiquitín le pregunta a la madre, cuando vendrá el coco o el hombre del saco.
La madre responde más tarde al anochecer.
Luego la madre se queja que el niño reclame luz encendida para poder dormir, o que se mee en la cama a cierta edad indebida.
Asustado, intimidando a ese angelito que está en la edad de creer todo, máximo si es palabra de madre.
Atroz infancia, cuando sea mayor se dará cuenta del grave engaño, crecerá y recordara su infancia y tal vez no repita la crueldad que la madre heredo de la abuela.
Carne de psicólogo.
Pensara y se dar cuenta del maldito cuento.
¿Pero?, pero no amara la noche, no disfrutar de la belleza de la noche, pues aun sabiendo la realidad, siempre en el cerebro queda un pozo, un algo residual.
Como la tontaina de Caperucita roja, como si el niño no supiera diferenciar la cara de la abuela del amigo lobo.
Hay que tener mucha precaución en la educación de los niños, cuando están en la edad de recibir.
Las madres, los profesores tienen el poder de sembrar personas de futuro o personas intimidadas, felicidad o dolor.
“ Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos”
León Felipe.



