“Los corazones de Loli”- Carlos Moledo

16 Maio 2026

Hay gestos que no caben en ningún titular y que, sin embargo, sostienen el mundo mejor que cualquier
norma. Son gestos de manos. De aguja. De hilo enhebrado con paciencia en muchas tardes, mientras afuera
el pueblo continúa con su rutina, persianas a medio abrir y conversaciones de cafetería. Dentro, alrededor de
una mesa cubierta de telas y patrones, un grupo de mujeres cose en silencio corazones de tela.
Loli no buscaba nada extraordinario cuando cruzó el umbral de aquella tienda de patchwork en Lausana,
Suíza. La había llevado una amiga catalana, de esas amistades que nacen del azar y se consolidan sobre la
tela, entre retales y patrones, con ese idioma común que tienen las personas a quienes les gustan las cosas
hechas a mano. Y fue entonces, en ese establecimiento suizo, cuando sus ojos tropezaron con una bolsa.
Dentro, unos objetos que ella no supo nombrar. Unos churros, dijo después, con esa precisión lingüística tan
gallega, tan exacta en su aparente imprecisión.
La dueña le explicó para qué servían. Cojines con forma de corazón. Almohadas de recuperación para
mujeres a quienes acaban de extirpar un pecho. Algo que abrazar cuando duele. Algo que interponer entre el
cuerpo recién cosido y el mundo que sigue girando sin preguntar.
Loli escuchó. Y mientras escuchaba, algo se movía ya en su interior con la urgencia serena de quien reconoce
su destino sin necesidad de aspavientos. La dueña, al ver ese brillo, le regaló los patrones. Loli voló de
regreso con ellos como si llevara el mapa del tesoro. Esto tenemos que hacerlo en Noia, pensó. Y basta.
Lo que vino después tiene la forma de las cosas que importan: discreción, constancia, silencio. Mujeres
llegadas de clases de calceta, de punto, del gusto compartido por las labores, fueron sumándose bajo el
nombre de Amigas del Patchwork de Noia. Mujeres de todas las edades que convirtieron sus tardes en un
acto político sin saberlo, o sabiéndolo muy bien y prefiriendo no llamarlo así. Llevan años entregando
corazones al área de oncología del Hospital Clínico de Santiago. Corazones que una enfermera pone en las
manos de una mujer que sale del quirófano todavía aturdida, todavía buscando dónde apoyarse. Nadie sabe
ya cuántos han cosido. Siempre son pocos. Siempre hacen falta más.
En tiempos de épicas artificiosas y héroes de cartón piedra, conviene recordar que la ciudadanía también se
conjuga en pasado de costura, en plural femenino y en la primera persona de quien no espera
reconocimiento. Noia lo sabe. Y mientras haya manos dispuestas a coser corazones para quien los necesita,
habrá motivos para no perder la esperanza.

Outros artigos

“Caldaloba”, de Xosé Otero Canto”. Xulio Xiz

Tiven a honra de presentar o acto que en Cospeito se celebrou arredor de  “Caldaloba”, drama histórico en verso do poeta e profesor Xosé Otero Canto.        Foi, á vez, un placer inmenso estar en Cospeito, rodeado de amigos que saben,  eu que só poido intuir e sentir...

+

“Ofrenda” – Xulio Xiz

Celebrouse unha nova Ofrenda solemne do Antigo Reino de Galicia a Xesús Sacramentado na Catedral de Lugo. Cumpríronse 357 anos da súa institución, e cada ano as sete cidades do antigo Reino, seguen a xuntarse en Lugo – corazón do país – para honrar ao Santísimo e...

+

“Un acto de covardía, para derrubar ao Goberno” – Antón Luaces

En España, o poder lexislativo corresponde ás Cortes Xerais. O Congreso dos Deputados é o encargado de crear, modificar e derrogar as leis, amais de controlar  e fiscalizar a acción de goberno. Debate, elabora e aproba as leis que rexen a sociedade e actúa como a voz...

+

“O carballo de Buchenwald”. José Antonio López Silva

Cada xuño, o mesmo titular: o alumno brillante que, podendo escoller calquera cousa, "malgasta" a súa nota nunha carreira de letras. Esta semana houbo dous —Juan Mosquera, un 13,64 sobre 14, marcha a Filoloxía Galega; Sabela Martínez vai a Harvard a doutorarse en...

+

Publicidade

Revista en papel

Opinión

“Siete días vibrantes”. Mario Clavell

“Siete días vibrantes”. Mario Clavell

He visto el despegue del Falcon que el rey de España ha prestado al Papa para su vuelta a Roma. Y he pasado docenas de horas de la última semana viendo, oyendo y leyendo imágenes y textos nunca antes vistos u oídos: ¿con cuales quedarme para redactar esta columna...