Se celebra el primer domingo de mayo.
Hay personas que para valorar lo que tienen necesitan perderlo, pero hay otras muchas que no necesitan perder nada para saber el valor que tienen en casa.
Primer domingo, y digo yo, porque no todos los domingos, tampoco es tanto, teniendo en cuenta que el año tiene 365 días.
Antes de continuar, este escrito está obviamente dedicado a las madres, a las abuelas que son madres, a las niña que este domingo soleado pasea por el parque su carrito de bebe, cuando la madre le pregunta ¿nena, tienes frio?, automáticamente la niña cubre al bebe del carrito por si ese ser inerte tuviera o tuviese frio.
Con todo el cariño del mundo a esas madres que se quedaron en el intento, conozco su deseo, su sacrificio, su dolor, que el tiempo guarda silencio.
Un anécdota añeja, aquel día que madre no se sentó a la mesa, y preguntaste ¿mamá, no comes? ella respondió entre tanto picar y picar, para probar la comida, estoy harta ya no tengo apetito.
La verdad, no había para todos, pero la madres tiene un corazón universal, es decir infinito.
“Tú no estabas allí, yo sí, aquel rostro bellamente hermoso se transformó, en un rostro de dolor, ¿conoces la Piedad de Miguel Ángel?”
Una lágrima silenciosa corre por la mejilla, la vida viene al mundo, gime, llora, rompe el silencio del quirófano, son las 01,30 am.
Y yo no sé si esa lágrima es de dolor, o de felicidad compartida, si es una lágrima de amor, de la felicidad de crear una nueva vida, tan deseada.
Tal vez madre sepa leer lo justo, pero sus descendientes tuvieron la oportunidad que a ella le fue negada.
El pajarillo vuela fuera del nido, mañana habitara otro nido, pero para una madre, ella siempre será la niña de casa.
Pregúntale a la abuela.



