
Siempre que hablamos de desigualdades, nos referimos al plano económico, nunca social, cultural o artístico.
Aunque hoy la pobreza, es un tema presente, hay que decir que hemos evolucionado mucho, muchísimo hace dos siglos o uno, los niños de 10 años, a causa de la pobreza tenían que trabajar, hoy la ley, es a los 16 años, es decir hay que estar en la escuela hasta los 16 años.
Las comodidades en comparación a años atrás son evidentes.
Se habla de la gran diferencia entre ricos y clase media.
Los ricos más ricos, y los pobres más pobres.
Aquí surgen dos teorías, igualdad por arriba o igualdad por abajo.
Los gobiernos son más inclinados a quitarle capital a los ricos para dárselo a los necesitados, teoría opuesta la mía.
En un maratón, digamos que les decimos a los primeros no correr tanto, para que yo, pueda subir.
Yo diría entrena, mucho y bien para tener las cualidades de los campeones.
Yo diría estas dispuesto a pedir un crédito bancario, para tus estudios, o no quieres aceptar esa responsabilidad.
Antiguamente estaban muy respetadas las llamadas universidades laborales, fuente de empleo, en comparación a la universidad.
No hay que quitarle al que tiene para darle al que no tiene, hay que liberarle de la dependencia de la ayuda estatal, hay que generar condiciones, que no pongan impedimento al progreso, hay que facilitar que el emprendedor pueda prosperar.
No hay que cortar peldaños a la escalera, hay que favorecer que el que quiera subir pueda subir.
Toda empresa nueva dejarle el primer año libre de impuestos.
La trampa esta en quitarle al de arriba, para ayudar con una limosna dependiente al de abajo, porque si el de abajo subiera escaleras y dejara de ser dependiente, si fuese independiente, libre económicamente.
Si los pobres fuesen a menos, me planteo esta pregunta.
¿A quién votan los ricos y a quién los menesteroso?
Las ayudas tienen que ser no para mantenerle en el pozo, sino ayudarle a salir de él.
Quien quiera salir, porque si la riqueza esperada esta en ponerse a la cola de la administración de la lotería esperando la fortuna, aviamos vamos.
Pero que se puede esperar de un país donde un funcionario público, al servicio de la sociedad, puede comer lubina del Cantábrico, con un buen ribera del Duero, por 5 €, declara a hacienda la mitad del salario, todo ello gracias al menesteroso.
El que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe.




