Es la oración fúnebre que esta rapaza pronunció al final del funeral en Huelva por las víctimas de Adamuz. Hay discursos memorables en el género oratorio y yo añado el que pergeñó esa hija de una de las víctimas del accidente ferroviario. Mostró ánimo muy grande y sazonó de inteligencia poética el discurso que arrancó con acciones de gracias, a (once) instituciones y personas que trabajaron en el rescate: ‘Si no puedes curar, alivia…Si no puedes aliviar, consuela…Si no puedes consolar, acompaña…’, sin reproches-.
Evocó a las víctimas: ‘eran vagones llenos de virtudes y defectos, eran vagones llenos de triunfos y derrotas, eran vagones llenos de anhelos y silencios… eran vagones llenos de esperanza’. Supo evocar a su propia madre sin melodrama, con elegancia y lucidez. Y mencionó a allegados de las víctimas: ’Somos las 45 familias que han aprendido con demasiada crueldad que la llamada que no se hace se queda sin hacer y el beso que no damos es el que más recordamos’.
Liliana hizo un acto de piedad mariana que ningún hijo de Huelva rechazaría, con mención lírica de traza lorquiana de seis advocaciones onubenses, e invocó consuelo de la Virgen para víctimas y familiares. ‘Este funeral es el único que cabía en esta despedida, pues la única presidencia que queremos a nuestro lado es la del Dios que hoy aquí se ha hecho presente en el pan y el vino, bajo la mirada de su Madre, en su advocación cinteña. Huelva es una tierra mariana, Andalucía es un pueblo creyente y es abrazando su cruz donde encontramos mayor consuelo’.
Hubo antropología y retórica altas. Empasta dolor y esperanza con un sentido de la vida que honra la condición humana Lea el discurso (duró once minutos), divulgado en varias fuentes, o en la web de la diócesis de Huelva.



