
Tu palabra, mi palabra.
La palabra viva, si al amanecer mi palabra colabora para hacerte el día más llevadero, si mi palabra aporta cierta información desconocida, o si en ella encuentras compañía, sabiendo que no estás solo, si puede generar en ti una sonrisa, mi palabra es palabra viva.
Mis palabras no son de auto consumo, son como el sol, que no brilla para sí, son como la fuente de agua fresca y cristalina, fuente que no bebe su propia agua, sino para el camínate, para el peregrino sediento, son como el naranjo que no come sus propias naranjas, o como el azahar, natural perfume, que el viento transporta, regalando al nuevo día
Todo conocimiento que no se expande, se contamina, como las algas verdes del agua estancada, se vuelve putrefacto.
La palabra comunica, transforma, define, construye.
Construye, o destruye si escuchas lo indebido.
Hay palabras de colores, pero eso depende de cada quién.
Nunca digas por un oído me entra por otro me sale, nunca, nunca, ya que en el trayecto de entrada y salida algo queda.
Cuando alguien viene con improperios o palabras no deseadas, no escuches, que se quede él o ella con ellas, si alguien te trae un regalo y no lo aceptas, ¿Quién se queda con el regalo?, pues igual con esas palabras de desaliento, esos conocidos son como el agua estancada, agua que no has de beber, déjala correr.
Hazle tú un regalo, un precioso regalo, regálales tu ausencia.



