Me quedé pasmado y tranquilo. Aquella niña de un día de vida respiraba en el regazo de su madre que la miraba; aquella con ojillos cerrados; esta la miraba como a cosa propia.
Ver a un hombre rezar y ver a un niño dormido da paz. Experimenté hace tres días esa muestra de Naturaleza en marcha. La Vida se perpetúa de madre a hijo y el aborto provocado trocea esa continuidad dolorosa y alegre, y estropea el cuerpo del abortado y el espíritu de los abortadores.
En España hubo 106.172 abortos en 2024, un 3% más que el año anterior. No se precisó justificación para practicarlo. En España es fácil, es gratis, es legal, es ‘un derecho’. No es saludable, no es honrado. Quienes han pasado por ello testimonian la huella imborrable que les deja en la memoria y a menudo en el cuerpo.
El informe que la ministra de Sanidad presentó este enero pasado enero se entretiene en censurar a los profesionales y hospitales públicos que se niegan a practicar abortos y no cuestiona el destrozo moral que su trivialización lleva consigo. MI bonita alumna María quedó devastada después de su aborto adolescente y que quiso ser madre con ansia reparadora.
Cierto mainstream (‘corriente de opinión extendida’) dice que está bien, pero dieciséis años desde la aprobación de la ley del aborto en España (3 de marzo de 2010, Ley Orgánica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo) ¿es mejor la salud sexual y reproductiva en España?, ¿mejoraron nuestras costumbres morales y sociales?
Contemplé a la recién nacida Selam hace una semana en el regazo de su madre etíope en el hospital. Irresistiblemente hermosas. Selam significa Paz en amárico, la lengua de Etiopía.




