“Ketty Garat, periodista de año” – José Castro López

19 Xaneiro 2026

La elección de la ferrolana Ketty Garat como mejor periodista del año 2025 por parte de la Asociación de la Prensa de Madrid no es solo un reconocimiento a su actividad profesional impecable, es también una reivindicación del periodismo de investigación, esencial para la salud democrática y uno de los diques de contención frente a comportamientos impropios del poder. Sus trabajos de investigación sobre la trayectoria del exministro José Luis Ábalos publicados en el digital The Objective, destaparon una compleja red de corrupciones y fueron un ejemplo de rigor, valentía y compromiso con la verdad.

En un contexto donde el poder tiende a blindarse con poca o nula transparencia, el periodismo de investigación se convierte en una de las pocas vías efectivas para arrojar luz sobre lo que ese poder pretende ocultar. Gracias a periodistas como Garat, hemos conocido escándalos de prostitución, tramas de corrupción y abusos de poder que de otro modo habrían permanecido enterrados. Su labor no solo informa, sino que fiscaliza, incomoda y exige rendición de cuentas.

Claro que este tipo de periodismo no es gratuito. Garat pagó un precio alto por su compromiso. Fue objeto de presiones, campañas de descrédito y denuncias judiciales, aunque ninguna prosperó, que buscaban silenciarla o, al menos, desestabilizarla. Pero ella no se dejó intimidar, su tesón y su ética profesional prevalecieron. No cedió, no abandonó la búsqueda de la verdad.

Este reconocimiento a Garat es, al tiempo, un homenaje a todos los periodistas que, como ella, entienden que su oficio no consiste en agradar al poder, sino en vigilarlo. Que su lealtad no está con los gobiernos ni con los partidos, sino con los ciudadanos. Que su misión no es construir relatos cómodos, sino contar lo que ocurre, aunque duela. En esta línea de investigación hay que citar a medios como El Confidencial, El Debate, El Español, El Mundo o ABC que destaparon el fraude de las mascarillas, el rescate del Plus Ultra, el caso Cerdán y otras corrupciones en los aledaños del poder y demostraron que, pese a las estrecheces económicas, la polarización y el descrédito interesado a que fueron sometidos, todavía existe un periodismo dispuesto a fiscalizar al poder.

El caso de Ketty Garat nos recuerda que el periodismo de investigación, que introduce luz donde hay sombra, no es un lujo, es una necesidad. Su trabajo fue una brújula moral, una voz firme en medio del ruido, una prueba de que el periodismo, cuando se ejerce con rigor y coraje, sigue siendo una herramienta necesaria para conocer la realidad.

Premiar a Garat es premiar la verdad. Y defender su labor es, en última instancia, defendernos a todos de las arbitrariedades del poder que, sin una prensa libre y vigilante como la que ella encarna en The Objective, tiende a ensimismarse y a blindarse frente a la crítica.

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