Son muchos los que se pronuncian en torno a la Religión y a su importancia para la vida del hombre: filósofos, teólogos, otros científicos, o tertulianos, sin más.
1) Lo que me ha dado pie para escribir este artículo, han sido las respuestas del cantante Víctor Manuel, en la entrevista que le ha hecho el barcelonés Jordi Bianciotto, a propósito de las canciones de la joven Rosalía. Se refería a “esa cosa mística con la que nos venden…”, y, como titulares de la entrevista, manifestaba su inquietud porque esa cantora les guste a todos: “a Sánchez y a Feijóo, y a la Conferencia Episcopal”.
Al comienzo manifiesta que: “yo me considero político y no reniego de la clase política”; sigue mostrando satisfacción por algunos comportamientos rechazados por la Iglesia como inmorales, para llegar a decir hacia el final lo que provoca un chirrío insoportable en mis oídos, aludiendo a las religiones en general, pero que yo repito con términos más delicados y que son fácilmente inteligibles por el lector: “…todas las religiones son una” desagradable porquería…
2) Al ir a abrir el correo electrónico, me encontré con unas palabras del filósofo y teólogo catalán Francesc Torralba, un hombre que perdió en poco tiempo a su padre y también a su hijo, cuando se había ido de excursión a la montaña. Dice en su libro “No tengo palabras al respecto” que, desde el punto de vista humano, le faltaba luz…, pero que la palabra de Dios le había sostenido cuando todo se le había roto en mil pedazos.
Al referirse este intelectual a la Religión, no solo ve en ella la luz que ilumina a la persona herida en el caso de una muerte inesperada, sino que la considera vehículo de entendimiento entre las personas y estímulo para amar a los hermanos, incluso en el caso de que algunos nos odien; y que, además, escuchando a menudo la palabra de Dios, se vive con la esperanza de alcanzar un día, por la divina gracia, una eternidad feliz.
3) Al ver las referidas declaraciones de ese filósofo y teólogo catalán, no pude menos que actualizar otras palabras, en este caso de San Bernardo de Claraval, leídas en el oficio litúrgico de este sábado previo a la Navidad. Este teólogo cisterciense, al dirigirse a la Virgen María, la anima a abrir el corazón a la fe, los labios al consentimiento, y sus castas entrañas al Creador, para buscar al amado del alma.
Es toda una exhortación para el hombre de hoy, con dedicaciones tan diversas. Estamos llamados a vivir la fe en el Dios creador, que nos ofrece la salvación al final de la andadura de nuestra vida. Mientras tanto, recordamos a ese Jesús, que nace pobre para que, nosotros, siendo “pobres de espíritu”, pongamos en Dios nuestra esperanza; nace alejado de los poderosos, para que consideremos que hemos de ser justos y no ansiar el mando, sino promover el servicio por amor; y acoge a los pastores, para que los creyentes queramos y sepamos pastorear a los ancianos y demás necesitados de ayuda cariñosa.
Las religiones, lejos de pensar en lo que un descreído quiere establecer como verdad absoluta porque él lo dice, sirven para mover a amar a todos, con la esperanza de conseguir al final del camino de la vida, por la gracia de Dios, la salvación eterna.



