“Lo que deja un año que se va” – José Castro

31 Decembro 2025

Más allá de los muchos hechos positivos del año, el balance de estos doce meses obliga a detenerse al menos en tres problemas que ya tienen consecuencias reales negativas y agravan el delicado tiempo que vivimos

El primero es la debilidad de Europa en el nuevo orden mundial que se está configurando. Actores como Trump, Putin y China maniobran para debilitar la UE como proyecto político, incluso para destruirla, mientras la propia Europa se muestra dividida, sin liderazgos y con enemigos internos, como la ultraderecha y los populismos nacionalistas. La última cumbre evidenció esa división, su pérdida de peso político y capacidad de influencia. Ni siquiera se logró una posición compartida en asuntos clave como el acuerdo con Mercosur o el uso de los fondos rusos congelados para ayudar a Ucrania. “La UE sigue siendo una colección de naciones con miras estrechas”, dice Martín Wolf, analista del Financial Times. Si Europa se desintegra se habrá perdido un proyecto político innovador y el mayor espacio de democracia, prosperidad y bienestar del mundo.

El segundo problema es la “consolidación” de España como un país partido en dos. La polarización, la crispación permanente y el deterioro del debate público se han convertido en rasgos estructurales de la vida política. A ello se ha sumado la fuerte conmoción política provocada por casos de corrupción económica y de acoso sexual en el entorno del Gobierno y su partido que minan la confianza ciudadana en las instituciones y agravan el desapego social. España está dividida en bloques enfrentados, con una sensación creciente de bloqueo político y moral que, en palabras de Ortega, impide “un proyecto sugestivo de vida en común”.

El tercer asunto -en clave gallega- es la “ofensiva” del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia a los parques eólicos. Las sentencias paralizadoras de proyectos energéticos del alto tribunal contradicen la doctrina del Tribunal Supremo y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea y el bloqueo espanta inversores, ahuyenta proyectos estratégicos y transmite una imagen de inseguridad jurídica incompatible con el desarrollo económico. Las empresas promotoras de la planta de hidrógeno en la antigua central de Cerceda se retiran del proyecto por la paralización eólica y otros casos como este nos devuelven al viejo relato del “atraso económico de Galicia”, una realidad cuando la comunidad carecía de proyectos industriales.

Los tres hechos enumerados apunta a una conclusión común: la falta de unidad europea, la fractura política y social de España y las sucesivas sentencias del TSJG lastran las oportunidades de Europa, de España y de Galicia en un mundo cada día más competitivo e incierto. A ver si el nuevo año, que deseo próspero para todos, trae consigo más unidad y cooperación, más altura política y menos divisiones estériles.

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