“Ferrol, apeadero de tercera”. José Castro López

10 Decembro 2025

Históricamente excluida de las grandes redes de transporte, Ferrol es el ejemplo más
claro de cómo una ciudad puede quedar aislada dentro de su propia comunidad, lejos de
España, de Europa y de las oportunidades que ofrece el ferrocarril..
La situación es pintoresca y roza lo absurdo: 50 kilómetros separan Ferrol de A Coruña
y el tren más rápido tarda cerca de hora y media, tiempo de sobra para leer con calma el
periódico del día. . La vía férrea, construida a principios del siglo XX, está
prácticamente igual que entonces. En un siglo ha cambiado el mundo, la tecnología y las
prioridades… pero no los raíles ni el baypass de Betanzos para unr las dos ciudades más
importantes del norte gallego.
Si el trayecto hacia A Coruña es desesperante, el de Ferrol a Oviedo pertenece
directamente al realismo mágico: seis horas de viaje, tres veces más que en coche. En el
recorrido por la cornisa cantábrica el tren no avanza cansinamente contemplando
montes, ríos, prados, playas… viendo como pasa la vida.
Es una ironía que Ferrol, ciudad de astilleros, ingeniería y tradición industrial, se haya
quedado varada en un ramal ferroviario más que centenario: serpenteante, sin
electrificar y probablemente con las primeras traviesas. Mientras tanto, el eje atlántico,
con su flamante alta velocidad, conecta A Coruña con Vigo, Santiago y Ourense
dejando a la comarca de Ferrolterra fuera del mapa de la modernidad ferroviaria como
una isla terrestre donde el progreso no atraca.
A este abandono se añade una programación horaria que parece diseñada al margen del
dinamismo de la sociedad. Ninguno de los servicios diarios entre Ferrol y A Coruña
tiene horarios razonables para estudiantes y trabajadores de cualquier actividad laboral.
Ni para entrar a clase, ni para fichar a primera hora. Es como si la tabla de horarios
fuera escrita siguiendo los dictados del azar.
Las consecuencias son reales y profundas: menos oportunidades laborales, menos
estudiantes moviéndose entre campus, menos industria conectada, menos turismo. ¿Para
qué llevar el tren al Puerto Exterior si no sirve para transportar mercancía?
Los ferrolanos y vecinos de la comarca pagan impuestos como los demás gallegos y
españoles. Pagan trenes que no llegan, infraestructuras que no se modernizan y
promesas que envejecen tan rápido como los convoyes que circulan sobre esta vía
centenaria. Pagan, incluso, la paciencia -que ya debería desgravar- y ahora también
pagan el tiempo y todas las oportunidades perdidas. .
Las manifestaciones de estos días no son un capricho. Son el síntoma de una ciudadanía
que ha decidido que la resignación ya no es una opción. Ferrol no pide privilegios: pide
normalidad. Pide que 50 kilómetros no sean una odisea. Pide que las seis horas a
Oviedo no sigan siendo un insulto a la razón. Pide trenes que sirvan y horarios que
tengan sentido.

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