En muchas ocasiones me he preguntado si la soledad
es buena o mala. Creo que la soledad como tal, no,
pero la no deseada está considera como un gran
problema en el momento actual, que está siendo
combatido por entidades que trabajan en el campo
de lo social teniendo en cuenta que el número de
personas que la sufren va en aumento de forma
considerable. En tal sentido recordemos que el
fallecido papa Francisco la denominaba como la
gran epidemia del siglo XXI: “la soledad,
lamentablemente, la amarga compañera en la vida de
tantos mayores que son víctimas de la cultura del
descarte”.
En Galicia una persona de cada cinco (19,8%) sufre
soledad no deseada. Una afectación que es muy
similar entre mujeres (20%) y hombres (19,7%).
Muchas de estas personas llevan sufriéndola más de
dos años. Señalar, también, que en entre los jóvenes
tiene un alto índice de padecimiento (35,5%).
Es importante que en estas fechas previas a que
celebremos las jornadas centrales de la Navidad,
reflexionemos sobre una situación, que de manera
silente, sufren muchas personas cuando pasan de lo
que conocemos genéricamente como soledad, a la
soledad no deseada. Con demasiada frecuencia se
conocen casos de mayores que la sufren y de ahí que
para combatirla se disponga de numerosos
programas a fin de que ésta pueda ser combatida en
la vida cotidiana. Todo ello para comprender cómo
se produce, de dónde surge y cómo la viven las
personas que la padecen y de este modo intentar que
muchas de ellas dejen de refugiarse en el muro de la
soledad.
Las actuaciones se hacen teniendo como lema
central: “No estás solo”, y como centro los cursos y
actuaciones en las dependencias con los que cuentan
las ONGs , persiguiendo que los afectados, después
de reconocer que sufren soledad no deseada, puedan
alcanzar una serie de mejoras en su vida diaria. Un
trabajo de apoyo y ayuda para lo que se cuenta con
equipos especializados de voluntarios.
La soledad no deseada se complementa con
posiciones centralizadas en el hogar. Se trata de
mayores que viven solos, que suelen tener una
situación desahogada, que cuentan con todo lo
relativo a la habitabilidad y tienen cubiertas las
necesidades diarias. Estos programas buscan que las
personas que viven solas, que en una gran mayoría
de los casos sufren soledad no deseada, puedan
compartir su hogar con otras personas para, de este
modo, sentirse acompañados.
Pese a que no se dispone de datos reales, lo cierto es
que compartir vivienda es un hecho que aumenta de
año en año auspiciado por las entidades que trabajan
en el campo de lo social. Supone una alternativa al
modelo residencial tradicional y tiene como objetivo
el cuidado mutuo entre los usuarios para un
envejecimiento lo más autónomo posible.
Es necesario dotar de los medios, económicos y
materiales, necesarios a estos programas de
acompañamiento a personas mayores, y hacer
hincapié en la necesidad de cuidar y acompañar.
Con el proceso se busca avanzar hacia una
comunidad y una sociedad que sitúe en el centro el
cuidado a las personas y que sea más humana y
justa.
Concluyo señalando que una gran mayoría de la
sociedad gallega (90,5%) considera que la lucha
contra la soledad debe de ser una cuestión prioritaria
para las administraciones públicas.
Javier García Sánchez



