
En el cuartel le llamaban Caballo Loco.
Tenía fama de ser muy exigente, muy estricto, era persona seria, sin sonrisa.
No sé su grado, de estrellas militares no sé mucho.
Cierto día fui a su casa llevarle el correo, me atiende la esposa, ¿el General?
Escucho el relinchar de los caballos, de un caballo, la puerta del salón entre abierta, ella me deja observar, y allí, allí estaba, con perdón, “el caballo loco”, o como corresponde a su grado, el excelentísimo General.
En pijama, su nieto sobre sus hombros cabalgando sobre la alfombra, relinchándose, retorciéndose, el niño sobre la espalda del abuelo agarrado a su cuello, volteaban, se caían, vueltas y más vueltas.
La esposa me reclama, me dice: Ya ves es como un niño pequeño, en el trabajo es una actuación, es un gran hombre, un buen soldado y un buen abuelo, todo nobleza, pero tiene la obligación que en el cuartel todo funcione, y la disciplina es un valor en todos los quehaceres de la vida, sin disciplina, nada funciona.
Estoy enterada por rumores, se cómo le lamáis en el cuartel, pues ya ves, si, es un caballo loco, pero loco por su nieto.
Y loco por el trato humano y el respeto de sus soldados.
A veces detrás de ese carácter serio, se oculta la debilidad del abuelo.



