Friedrich Merz, el canciller alemán, ha pronunciado un aviso que debería sonar mucho má
de Berlín. El Estado del Bienestar, tal como lo conocemos, se enfrenta a una encrucijada clave
para nuestro futuro. No se trata de una declaración alarmista, sino de un diagnóstico:
envejecimiento poblacional, una deuda pública creciente e importantes presiones migratorias que
hacen inviable el mantenimiento indefinido de un modelo que gasta más de lo que ingresa.
Alemania, con un 62.7% de deuda sobre el PIB, ya se prepara para ajustes. España, con un
102.3%, no puede permitirse mirar hacia otro lado.
El camino que nos muestra Merz refleja una realidad incómoda, un futuro que exige reformas
estructurales, disciplina fiscal y una redefinición pragmática del contrato social. No estamos
hablando de utopías, sino de sostenibilidad. Y, sin embargo, en lugar de abrir un debate serio –
esto sí es utópico- sobre cómo reforzar la solidez de nuestro Estado social, el Gobierno español
se enreda en gestos de marcado simbolismo político, como la reducción de la jornada laboral a
37,5 horas propuesta por la vicepresidenta Yolanda Díaz.
La medida se presenta como ¿feminista, verde y democrática?. Lo será en el plano discursivo,
pero difícilmente encaja con el acertado contexto descrito por Merz. Aumentar el coste laboral sin
una estrategia clara de productividad es caminar en dirección contraria a la sostenibilidad del
sistema. Los recursos no son infinitos y la productividad no crece al compás de los eslóganes
políticos. Reducir la jornada sin reducir salarios puede sonar a “justicia social” inmediata, pero a
medio plazo amenaza con debilitar el tejido empresarial y poner en riesgo los propios cimientos
del Estado del Bienestar que se dice proteger.
La política, además, ha mostrado sus límites. Junts per Catalunya, lejos de plegarse a la disciplina
gubernamental, ha sido claro: no votará a favor de una norma que, según denuncia, “va en contra
de pymes y autónomos catalanes”. Y así lo han hecho. La foto de Yolanda Díaz con los sindicatos
contrasta con la soledad política que ha obtenido el miércoles en el Congreso.
El desenlace era claramente previsible; mientras en Alemania se prepara un ajuste para salvar el
modelo social, en España se disfruta de una derrota política que apenas disfraza la falta de
realismo económico y político. Y, como bien señala Rallo, no se trata de más libertad ni de menos
Estado, sino de gestionar la decadencia con inteligencia y honradez. En este caso, la ilusión de
una jornada laboral reducida corre el riesgo de convertirse en un espejismo que no soluciona nada
y que, al contrario, debilita la confianza en la seriedad de nuestras instituciones.
El verdadero reto, hoy más que nunca, no está en regalar titulares, sino en sostener la legitimidad
del Estado social. Si seguimos apostando por medidas que ignoran la aritmética básica de la
sostenibilidad, acabaremos pagando un precio mucho más alto: el de perder la cohesión social y
política que hace posible el propio bienestar.
“José María Fonseca Moretón, el vino como bandera y Galicia en el corazón”. Javier García Sánchez
Los caldos gallegos alcanzaron en él la máximadimensión mundial llegando a mercadosinsospechados. Solo a un genio como él se le pudo ocurrirconvocar un concurso de cartelismo para dar aconocer el caldo que contienen las botellas deTerras Gauda. De este modo evocaba a...



