
Y seguiría siendo yo.
Si me amputases la mano derecha y dejara de escribir, aun seguiría siendo yo, como lo fue Miguel de Cervantes.
Si me quitases un ojo, o si me quitases los dos, seria ciego, y conduciría al actual Rinconete y Cortadillo.
Si tu amor, fuese más importante que mi vida, te donaría un riñón, y seguirá siendo yo.
Pero si me robases la palabra, si me amputases la forma mía de amar, ¿entonces?
Entonces ya no sería yo.
¿Y quién sería pues? Un muerto viviente, un alma en pena, un peregrino en busca del alma perdida.
¿Y si te robase el corazón?
No podrías robarlo, solo se roba una vez, y ya lo has robado.



