Cuatro largas décadas después de su entrada en
funcionamiento por tramos, la Autopista del
Atlántico sigue levantando serias controversias y
polémicas que se están llevando a sus partes más
extremas. Para nosotros la AP-9, que en laza el norte
desde Ferrol y el sur de Galicia y la frontera con
Portugal, ha sido una camino de rapidez y
acercamiento que se tardó más de treinta años en su
finalización.
Fue mucho lo que escribí y comenté sobre este
trazado que nos otorgaba una forma de circular más
rápida y que para muchos fue una auténtica
navajada- unha navallada- en la piel terráquea de
Galicia. Otros consideraban que era una forma de
enlazar a mayor velocidad las grandes urbes de la
comunidad autónoma, pero a un costo demasiado
elevado en forma de peajes.
Recuerdo aquel mes de abril del año 1979 cuando un
grupo de periodistas- en aquel momento yo
pertenecía a la platilla de Faro de Vigo como
delegado en Santiago-, políticos y autoridades,
viajamos en autobús desde Compostela a Coruña
para comprobar directamente como habían quedado
las obras de un tramo de vía rápida que fuera muy
controvertido con el paso de los años. Cuando
retornamos a Santiago donde se abrió el peaje para
los vehículos, un letrero a pie de autopista señala la
distancia que faltaba para llegar a Vigo y Portugal.
Finalicé mi reportaje con una pregunta: ¿Cuándo se
produciría el enlace final? Tuvieron que pasar
muchos años para que la autopista cubriera todos los
tramos que se habían previsto. Los más
problemáticos fueron entre Santiago y Pontevedra.
El eje vertebrador de la vía rápida gallega está en
tela de juicio ya que la Comisión Europea considera
como ilegales las prórrogas que ejecutivos españoles
hicieron sobre la AP-9.La última con una duración
que se extiende hasta el año 2048.Desde Bruselas se
argumenta que la ampliación de la concesión se
otorgó sin un proceso de licitación pública, como
exíge la legislación europea .Por ello dan un plazo
de dos meses para entablar negociación con la
Comisión Europea.
De aquellas épocas en las que obras de la autopista
eran interrumpidas por movimientos ciudadanos,
con partidos políticos de la izquierda al frente,
recordando el daño que se registraba al ecosistema
con un trazado que, se decía, cortaba a los pueblos
por la mitad, ahora se ha pasado a la reivindicación
para que la vida rápida de Galicia sea transferida y
de este modo desaparezcan los peajes. Una
reivindicación total que llevan a cabo los colectivos
de transportistas que piden se les devuelvan los
peajes pagados en los últimos años. Lo que se
considera un rescate para la Xunta de Galicia, que es
lo mismo que recibir la transferencia y poner coste
cero para los usuarios, es una operación, según el
Ministerio de Transportes, que puede superar los
6.000 millones de euros.
Soy de los que creo que los gallegos no podemos
estar en inferioridad de condiciones en las carreteras
de alta velocidad como ocurre en el País Vasco y
Cataluña, en lo relativo al pago de peajes. La
negociación política es necesaria. Y las partes
implicadas- Europa, Galicia y España-, tienen que
alcanzar un acuerdo, una situación satisfactoria para
todos ,pero que no implique tocar el bolsillo de los
gallegos con nuevos impuestos.
Javier García Sánchez



