“PSdeG y BNG de Noia, un ejercicio de responsabilidad”. Juan Salgado

30 Xullo 2025


El retrato de Dorian Gray, en busca del tiempo perdido, Fahrenheit 451, los
miserables, Frankenstein, el viejo y el mar, el coronel no tiene quien le escriba o el
propio Don Quijote de la Mancha son títulos de destacadas obras de la literatura
universal a las que a fuer de repetición y capacidad arquetípica acabamos por
convertir en metáfora, cuando no en abreviada síntesis, de situaciones o
comportamientos ya sea emanados de la propia historia que cuentan o desde la
significación del propio título de la obra. En todo caso, referencias que aun rayanas en
lo desaconsejable por los gurús del estilo, no dejan de contribuir a una clara economía
del lenguaje, evitando mayores circunloquios.
Aplicando lo antedicho a la situación vivida en la Corporación municipal de Noia tras la
moción de censura presentada en Registro contra su actual grupo de Gobierno, no
cabe duda que si hablamos de crónica de una muerte anunciada, la gran novela del
colombiano universal Gabo, nos ahorramos largas disertaciones sobre lo que tanto
tirios como troyanos veían como certera probabilidad a la luz de la desgobernanza en
que se mantenía el Ayuntamiento. Con el agravante de que dicha situación contó con
varias decenas de advertencias previas que cayeron en el saco roto de quienes desde
la prepotencia de creerse en el camino correcto eran incapaces de percatarse que les
olía el aliento de la mala gestión de lo público.
Incluso cabría decir que las formaciones a la postre censoras se mantuvieron en una
suerte de bíblica paciencia antes de dar el paso de la moción de censura, al que sin
duda ayudó la reciente sentencia del Tribunal Constitucional que devuelve todos sus
derechos democráticos a los llamados tránsfugas, al reconocerles plena legitimidad a
cambiar de voto y a beneficiarse de los resultados de una censura triunfadora,
abortando a la vez el interés de la reinante partitocracia, que no quiere deserciones en
sus filas sino la más cerril sumisión, y que por ello mismo se inventó el pacto
antitransfuguismo y sus ulteriores aherrojamientos que ahora el Constitucional acaba
poniendo en solfa.
Dicho lo cual, hay que elogiar como un primer sentido de la responsabilidad el ejercido
tanto por PSdeG-PSOE como por el BNG al ser los primeros, según parece, en dar los
pasos necesarios para sacar a Noia del actual atolladero municipal en que se
encuentra. También, por muchas del pulpo que le vayan a caer al concejal rebelado
contra su propio partido, que acaso no pueda ya desprenderse del pretendido baldón
de tránsfuga, la entereza de quien vio que nada de lo actuado desde las elecciones de
2023 hasta aquí se correspondía con lo negociado en el programa electoral. Distinta
es, dicha con todas las reservas, la predisposición de una Marea, siempre destacando
por sus astracanadas, que seguramente dará más de una sorpresa en su genuina
forma de entender la responsabilidad local.
Una actitud tanto más encomiable en la formación nacionalista del BNG porque, dicho
en conveniencia partidista, en nada sale beneficiada al renunciar a formar parte del
equipo de Gobierno. Gesto que avalaría por sí solo la preocupación cívica que
muestra la formación que comanda con buen criterio Ricardo Suárez, distinguido en lo
que va de legislatura por la sensatez de sus intervenciones plenarias, pero al que hay
que sumar la innegociable exigencia -colocada en primer lugar en el pacto que
posibilitó la censura- de, lo dice el documento, “desactivación do N.O.I.A. nas tomas
de decisión municipais” que viene a poner de relieve su profundo grado de

conocimiento de la situación municipal en la lucha contra el clientelismo que la moción
se propone. Sin que ello suponga, claro está, no pedir la misma actitud respecto del
alcalde reprobado o, por ahondar más en la legitimación de lo exigido, posibilitar
auditorías exhaustivas sobre la abundante rumorología en torno a ciertas prácticas que
eran comunes en la vida municipal. Sería un postrer, y acaso definitivo favor a la
pureza democrática.
Por su parte y con manifiesta intencionalidad de ponerse la venda antes de la herida,
el regidor Santiago Freire, que se mostró incapaz de adoptar medida alguna tras la
traición de su propio socio de Gobierno cuando votó a favor de su reprobación,
congregó el lunes a la militancia de su partido, apenas escasas horas después de
presentarse en el registro la moción de censura que le mandará a la oposición. Nada
ha trascendido, al menos que conozca el cronista, de lo sucedido allí dentro, dado el
hermetismo y la manu militari con que el presidente suele dirigir estas sesiones. Pero
es justamente esa falta de noticias, de un comunicado público, el que permite concluir
que dicha reunión discurrió por los autocompasivos tonos de la propia decepción por la
deslealtad de un tránsfuga, por el autoconvencimiento de la injusticia sufrida después
de los logros alcanzados en lo que va de legislatura y hasta por los proyectos que
quedan abiertos y, se supone que se puso de relieve, serán rentabilizados en su día
por los actuales censores. En suma, nada nuevo bajo el sol. Bueno, y el lamento por
los sueldos perdidos. ¿Se habló, acaso, de las preocupaciones ciudadanas por lo
mucho sin hacer?
Y es, como se señala, deducción más que lógica porque en contra de lo que debiera
ocurrir, no trascendió ni un solo comunicado o unas declaraciones de algún miembro
de la formación haciendo autocrítica, tratando de analizar cómo se había llegado a tal
situación o, más sencillo aún, si en las referidas advertencias previas a lo largo de los
dos años transcurridos de legislatura había algo de cierto en las protestas y denuncias
de la oposición que el regidor venía despreciando olímpicamente tachándolas de
“pataletas”.
Ese aludido silencio revela el grado de sumisión de los militantes del partido a la
dirección local, cargo que recae también en la figura del alcance censurado. ¿Quién se
atreve, en consecuencia, a correr el riesgo de poner el cascabel de la crítica o
descalificación al gato?
Lo que realmente sorprende es constatar una vez más la inhibición y pasotismo –
denunciados aquí hace apenas quince días- por parte de la dirección provincial de la
formación, y aún de la gallega, ante lo que era un secreto a voces y que el PP
provincial pretendió atajar como suele, disparando con pólvora del rey pero cuando ya
era tarde y apuntando el tiro en dirección contraria a lo que dicta el sentido común. Es
decir, disparándose una vez más en el pie. Traducido al cristiano, otra alcaldía que se
les esfuma y ellos, lo decíamos hace dos semanas, “silbando a la luna”.
Tanto, que en los mentideros políticos mejor informados de la ciudadanía noiesa no se
descarta la posibilidad de que en 2027 la defenestrada coalición PP-N.O.I.A acabe por
presentarse bajo una sola sigla sin que sea difícil adivinar quien la encabezará.
-¿Y el PP local?
-En la procesión dos caladiños, que así es como los quiere la Dirección del partido del
charrán, que no gaviota.

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