
Te preguntan, si te reencarnaras, que te gustaría ser.
Siendo joven y varón, tal vez digas águila, volar por lo alto, ver todo, ser veloz, valiente.
Si chica, tal vez dirías ser cisne, tener su belleza, su blancura, su elegancia, su cuello, embellecer el lago.
Pero cuando te despierta el silencio, cuando la vida o lo que más amas, te ha crucificado como al Nazareno,
Cuando solo te cobijas y duermes en el regazo de la noche.
Entonces la vida es otra cosa,
Cuando el dolor es tanto, que ya no ladra.
Te han dicho, “cuando seas feliz cállate, no despiertes a los dioses”.
Y bien, que flor serias tú, pues entre ellas para tu sorpresa, seria Gossyplium, es decir, Rosa de mayo, si, sencillamente algodón, y algodón en los campos de Sevilla.
No sería águila, como tú, seria gorrión, un gorrión común, al que solo valoran y ven belleza, las hembras enamoradas, las mujeres embarazadas, los poetas o la gente de paz.
Un gorrión, el pájaro más libre y feliz, ninguno esta enjaulado, y acompaña a los viejitos en su ancianidad, todos le dan de comer, como pago a la felicidad que le aportan.
Cuando la soledad, el fracaso te golpea, encuentras la belleza y la felicidad, en las cosas humildes, que dándote poco, es mucho en su pequeñez.
El martillo golea y duele, y duele la pregunta, ¿Cuale es la esencia de la vida?.



