
Fui al Hospital, tengo dolor.
La doctora me pregunta donde me duele.
Me duele todo doctora, problemas para dormir,
La comida no me presta, no me sabe, no la finalizo.
Bien, concretamente donde te duele.
Doctora ¿Dónde encuentra la fe?, pues ahí me duele.
Doctora ¿Dónde se encuentra la esperanza?
Ahí me duele.
Es más, doctora, me duele el futuro.
Veo a mi hijo, aunque explotado, gana un salario de supervivencia, veo a mi nieto con todas las cosas imprescindibles y prescindibles, crecer sano y feliz.
Le veo reír, disfrutar de una familia, disfrutar de un parque, columpios, descansar a la sombra de un naranjo, dormir plácidamente en su cunita, sin molestias, en su casa, en su hogar.
Y en el reverso veo niños palestinos, huérfanos de progenitores, veo como una niña de 8 años hermana, hace de madre de su hermanito de dos.
Veo hospitales bombardeados sin misericordia, veo un pueblo al que se le niega el pan y la sal, veo una tierra falta de esperanza, sin agua, sin luz, cirujanos operan con la luz de teléfonos móviles.
Veo una Europa muerta de esperanza, un mundo sin dignidad.
Veo un ejército, un gobierno que no lucha, sino asesina.
Es más veo a los hijos y nietos, de aquellos que fueron salvados de las garras de los nazis, con la lección bien aprendida, haciendo lo que le hacían a sus abuelos y abuelas.
Veo los mismos cuerpos escuálidos de los judíos en campos de concentración, lo mismo lo veo hoy en el campo de concentración que se convirtió Gaza.
Veo infantes, veo abuelas morir de hambre, cuando a pocos metros hay camiones llenos de alimentos.
Veo hospitales que son funerarias, al carecer de medicinas, que les son negadas, por los nietos de aquellos que sobrevivieron al nacismo.
Si Schindler, o el ángel de Budapest, Ángel Sanz-Briz, o Arístides de Sousa Méndez, ellos aun a riesgo de sus vidas, salvaron, miles y miles de judíos.
Hoy sus descendientes repiten la misma historia, sin olvido, sin piedad.
Doctora, me duele la impotencia, de ver tamaña crueldad y no poder hacer nada.
Doctora, no sé dónde está mi alma, pero mi alma llora, la escuchó sollozar, y ni puedo esconder mis lágrimas bajo la lluvia, no hay lluvia.
Hoy lave mi cara, con jabón de palestina, cajitas que compre hace tiempo, como si así lavase mi impotencia, o mi pecado.
Todos somos culpables, o al menos un tanto así.
El jabón de Nablus (árabe: صابون نابلسي, ṣābūn Nābulsi) es un tipo de jabón de Castilla que se produce únicamente en Nablus, en la Ribera Occidental, Palestina




