La mayoría de la universidades privadas tienen acreditada solvencia académica en
líneas de investigación y resultados que les otorgan estándares de calidad en la docencia
y en la investigación. Cuentan con programas académicos rigurosos, profesores
capacitados y un nivel de exigencia que cumplen los estudiantes.
Son muchas las que ofrecen programas innovadores y especializados, no disponibles en
las públicas, promoviendo la competitividad y el desarrollo de nuevas áreas del
conocimiento, y todas son más flexibles para diseñar programas y adaptarse a las
necesidades del mercado laboral cambiante, lo que favorece la empleabilidad de sus
graduados.
Con este perfil, es un insulto que la vicepresidenta primera desacredite a toda la
comunidad académica que conforman las 46 universidades privadas diciendo, entre
otras burradas, que los hijos de los ricos “compran el título”, cuando lo obtienen tras
demostrar su rendimiento académico. En un arrebato de demagogia insulta a sus
promotores, a los profesores y alumnos y a los padres que confían la formación de sus
hijos a estas instituciones.
Entraña más gravedad aún lo dicho por el presidente del Gobierno que calificó a las
universidades privadas como “chiringuitos educativos expendedoras de títulos, que no
cumplen el nivel que cabe exigirle a la educación superior”. ¿Se refería el presidente al
Colegio Universitario privado donde él estudió la carrera y a la universidad Camilo José
Cela, privada, donde obtuvo el doctorado “daquela maneira?”. Un gallego retranqueiro
interpelaría al presidente en tono sarcástico y divertido con el dicho tan galaico “¡Mira
quen fala…!”.
Dicho esto, que nadie crea que la arremetida contra las universidades privadas es para
buscar la calidad de estas instituciones. Dice Fernando Sabater, buen conocedor del
sistema educativo, que “al sanchismo no le gustan las universidades privadas, no por sus
ocasionales defectos que están a la vista (por ejemplo, el propio Sánchez) sino porque
no las tiene colonizadas como hasta hace poco tenía a toda la pública”.
Añadan dos razones más de esta arremetida. Una, desviar la atención de los muchos
casos judiciales que hay en el entorno del Gobierno. La segunda, confrontar con los
presidentes de Andalucía y Madrid donde hay universidades privadas solventes que el
Gobierno no controla.
Dos notas finales. Es positivo que España cuente con universidades públicas y privadas.
Representan mayor oferta de educación superior que beneficia a los estudiantes y al país
en su conjunto.
En segundo lugar, es fundamental que haya regulación y mecanismos de control para
asegurar la calidad de la educación superior. En eso debería centrar sus esfuerzos el
Gobierno, en garantizar la calidad de la enseñanza que debe ser el principal criterio para
legislar sobre estas instituciones. Sean privadas o públicas.
“Fronteiras”. Xulio Xiz
Axiña fará catro anos que físicamente nos deixou Darío Xohán Cabana, pero segue entre nós coa obra que nos deixou, especialmente aos chairegos, marcados para sempre.Pensei en Darío estes días cando a invasión de Ceuta por milleiros de marroquís, nova marcha verde,...




