
Soy de la generación de los dos rombos, a los que sus padres mandaban a la cama cuando aparecían en la pantalla. Era la manera de la televisión de la época de advertir al espectador del contenido de escenas de sexo o violentas en las películas. Y cuando creíamos superado aquello, la TVE de ahora, la del gobierno progresista y todas esas milongas, amenaza a los espectadores de “Cine de Barrio” con subtitular las escenas poco ejemplares para la moral progresista contemporánea.
La frase elegida es: “Las circunstancias contenidas en esta película se enmarcan en una época determinada y deben ser entendidas en el contexto social de dicha época”. Al parecer, los espectadores que ven ese programa, ignoran que de algún modo sus películas, son reflejo de la sociedad de la época. Bien por RTVE, no hay que dar nunca por sentado que lo evidente es evidente.
Cine de Barrio es un programa de nuestra época que emite películas de otra época y ese es también su valor. Pero parece que lo que toca es demonizar la nostalgia, porque demonizar el pasado, es la primera condición para borrarlo. No se puede ver el cine de entonces, ni la literatura, ni el arte en general, con los ojos de hoy. Lo siguiente es la censura, cambiar los títulos de las obras por otros, por atentar contra las normas convencionales, y olvidar que el ciudadano tiene sentido crítico, criterio propio y no necesita que le aleccionen.
La ficción no va de dogmatizar. La ficción trata de indagar en realidades a partir de la libertad creativa del autor y del atrevimiento de su productora. Es sano que la ficción recree la sociedad con todas sus cosas, como esas películas de antes, que ahora, además, nos sirven también de documentación social.
En los años 50, 60 y 70 se hicieron algunas de las mejores películas españolas de todos los tiempos y trabajaron los mejores actores y actrices que hemos tenido. Pero la calidad artística importa poco a los nuevos censores, idiotas contemporáneos, que sin la cultura necesaria, sólo buscan exhibir una presunta superioridad moral que los envanece. Si por ellos fuera, el cine, la literatura y el arte serían sometidos a una amputación radical y la libertad de creación, eliminada.
Es bastante desternillante, por decirlo en términos suaves, que esas películas que hace sesenta o setenta años superaron a los censores franquistas (claramente no habían estudiado suficientemente a Judith Butler o a Simone de Beauvoir), que no encontraban nada peligroso en estas obras ligeras, ahora en pleno siglo XXI topen con la nueva inquisición progresista.
Corren tiempos recios para forjar criterios y no hay que cejar en el empeño, pero sin pasarse ni minusvalorar la inteligencia del prójimo. Nuestra sociedad es lo suficientemente madura como para no necesitar rótulos que dicen más de nuestra época que de la época que pretende contextualizar.
Aburren las manías absurdas de los gestores del ente público en tomar tantas “precauciones” morales con las películas de figuras emblemáticas como Paco Martínez Soria, Lina Morgan, Alfredo Landa o Sara Montiel, y sin embargo, nada digan de Broncano, Marc Giró o el nuevo “Sálvame”, con María Patiño, Belén Esteban, Kiko Matamoros y demás. Ahí bien se podría poner un cartelito para contextualizar.
El plan para idiotizar a la sociedad sigue adelante sin fisuras y a este paso terminaremos por tener que ir a Perpiñán para ver Cine de Barrio sin censura.



