
Os confiaré un secreto.
No habrá nombres, ni tan solo ficticios, la protección es de vital importancia.
Acude a mí, a pesar de no tener gran intimidad.
Me dice que tiene este o estos problemas, que no sabe qué hacer, que tal vez recurrir a un psicólogo o psiquiatra, que no le deja dormir y así no puede continuar.
Me solicita le escuche, y así pues, le escucho.
Mi respuesta, mis primeras palabras, es decirle que el problema lo tiene que resolver él, cualquier otra persona le puede ayudar, indicar pautas, pero es él o ella, quien esta al timón del barco de su vida.
Se le pueden dar herramientas, enseñarle a utilizarlas, pero será él o ella quien tiene que hacer el trabajo.
Si te caes yo te ayudo a levantar, pero serás tú quien recorra el camino.
Por no extenderme, le dije: escríbete una carta a ti mismo, háblate del problema por escrito, descarga en esa carta todos tus sentimientos, aligera peso, luego vete a la oficina de correos, la más lejana y deposítala.
Esa carta tardara 2 o tres días en llegar, ahora la lees, y con boli de distinto color subraya tus palabras, tus miedos, tus inquietudes, compara y analiza, vez como ya la visión que tienes del problema es distinta, ves como cosas que sufrías por si iban a pasar, no pasaron.
Adelantaste el dolor a los acontecimientos, una segunda lectura, hace que te liberes, que el problema no es tan dañino.
Entre el día que escribiste la carta y el día que la recibes, cambiaron acontecimientos, la tierra sigue girando, sigue saliendo el sol, por la misma ventana de tu casa.
El panadero vende pan, el quiosquero vende prensa, y tú ya no eres el mismo, en el aparato digestivo hay células de vida muy breve: las de las criptas del colon se renuevan cada tres o cuatro días, las del estómago entre cada dos y nueve, y así se mueve el mundo.
Igual que la renovación celular, tú también te has renovado, él, ella y los problemas y las circunstancias.
Ya ves, aquel problema que te agobiaba, no era para tanto.
Perspectiva.




