La mentira es una práctica que tradicionalmente está relacionada con la
profesión política. En este mundo faltan líderes que sean capaces de
mantener sus convicciones y no se dejen llevar por ideologías o
intereses. Los dirigentes políticos en particular eran más sinceros en el
pasado que los actuales donde aparecen como «mentirosos
compulsivos». Hoy vemos como muchos de ellos se inventan
argumentos con los que se quiere defender o persuadir lo que es falso.
Nunca llegaré a entender esos políticos que actúan sin escrúpulos
ninguno, tal vez tendríamos que recordarle las palabras de William
Shakespeare “No hay legado más valioso que la honradez”. Siguen en
la nube de «acoso y derribo», un PSOE que muestra su ineptitud e
inmerso en una corrupción continua, sumada a una derecha rancia bajo
un disfraz del progreso, nos están llevando a un Estado carente de
credibilidad hacia los ciudadanos, marcado por la apoteosis del cinismo,
lo que nos traslada a la idea aterradora de abrazar el caos. Ayer vivimos
nuevamente un nuevo escándalo en el Congreso: ¿Debate democrático o
circo romano? «En este mundo las armas nucleares no son un problema
de ayer, sino que son una amenaza presente». Esta reflexión la podríamos
trasladar a la política actual que gobierna nuestro país. Estamos viviendo
situaciones de conflicto y corrupción continua que nos lleva a una mala
política, y cómo se empeñan los políticos en insistir en ello, para una
sociedad teóricamente moderna. Llevamos años en que la mayoría
social quiere cambiar el estado actual de las cosas , sin embargo
muchos se resisten a dejar de votar lo mismo. Por ello tenemos que
apostar por amplias reformas políticas y económicas, que nos permitan
resolver el problema político y con ello eliminar sin complejos la
corrupción instaurada, un trabajo arduo, pero si tomamos la decisión del
cambio dejaremos de depender de una corrupción profundamente
arraigada en las estructuras de nuestra sociedad.




