
En el Vaticano, no paran de sonar los teléfonos.
Para ambientarnos podemos recordar su funcionamiento en el Padrino III, tal vez quede lejos de la memoria, podemos refrescarla con la actual Cónclave.
El teléfono que muestro a pesar del Vaticano tener los móviles más caros y modernos, en una vieja esquina aún funciona el negro teléfono de disco.
En las grutas del Vaticano, hace unos años solo Juan XXIII, tenía sobre la lápida una rosa triste. Le recuerdo como un buen Papa, un viejo cura de aldea.
Hoy suenan los teléfonos, no solo en Roma, también Nueva York, llama la atención que en África también suenan los móviles. Pero creo no tendrán aún esa oportunidad.
Todos rezan para que el Santo Padre, se mejore y pueda gozar ver la cara del Señor.
La paz eterna, el reino de los justos, pero no hoy, mañana, dicen los ancianos más jóvenes.
Son muchos los dispuestos a llevar la pesada cruz, pero solo Simón de Cirene, ayudo a Jesús camino del Gólgota a llevar tan pesada cruz,
Nunca el espíritu santo fue tan reclamado, el tiempo apremia.
En 1957 sufrió una infección respiratoria que obligo a los médicos a extirparle el lóbulo superior de un pulmón, y hoy la broncoscopia, a unos les entristece, otros caminan por los soportales, como aquel día Pedro.
Si los pulmones le dan un respiro a Bergoglio, será el segundo Papa en retirase siguiendo los pasos de Benedicto XVI, desde la edad media, tal vez al Monasterio Mater Ecclesiae, dentro de los muros vaticanos.



