
Cuando yo marche, sin querer marchar, tú serás lo único vivo que queda de mí.
Una cosa te pido respeta el nombre de la familia, se dignó de él, no lo mancilles.
Te dejo la cama donde un día vele tus sueños, reclamabas mi presencia.
Te transmito no una casa, sino un hogar, ahora tú puedes pintarlo del color de las estrellas o lo que sea menester.
Te dejo, platos y vasos, donde junto compartimos buenos yantares.
Te dejo una biblioteca, libros que me dieron información, cultura, saber estar, conocimiento, puedes disfrutarlos o ignóralos, allá tú,
Allá tú, pues tú eres el dueño de tu destino, será lo que labres con tu conocimiento.
Te dejo la tierra que herede de mis ancestros, la tierra no tiene precio, solo se paga con la vida.
Guárdala como yo la guarde para ti, tú para tus descendientes, la tierra es vida, da fruto, y guarda la memoria de los antepasados.
Antaño, ya nadie vivo recuerda, pero esa tierra fue alimentada con el sudor, y a veces lágrimas, de una anciana vestida como la noche, la tierra guarda historias.
Te quedan mis palabras, mis caricias, las fotos que guarda tu cerebro y el viejo álbum, bellos recuelos y tal vez otros no tan bellos, después del día viene la noche, si el día fue hermoso, la noche no lo es menos está unida al día, es una parte de él.
Bebimos en la fuente del amor, cuídala, para que tus retoños, sepan diferenciar, el beso del huerto de Getsemaní, del beso dado al hijo, hija o esposa, o madre, o padre.
Los besos a veces son semillas.



