En medio de la vorágine de noticias de “primera página” que desde hace meses publican
los periódicos aparece alguna relegada a espacios más discretos que merece ser
comentada. Es el caso del pase a la reserva del coronel de la Guardia Civil Diego Pérez
de los Cobos que se produjo el viernes pasado al cumplir 61 años.
Si este servidor del Estado, con una hoja de servicios impoluta, hubiera ascendido a
general, puesto para el que contaba con méritos acreditados, podría seguir ejerciendo su
profesión hasta los 65 años. Pero el vengativo ministro del Interior le negó ese ascenso
y promocionó a otros mandos con peor trayectoria que la suya.
La inquina del ministro Marlaska hacia Pérez de los Cobos empezó en 2020 cuando una
juez le encomendó investigar la marcha feminista del 8M en las puertas de la pandemia.
Como las pesquisas no dejaban en buen lugar al entonces ministro de Sanidad, Salvador
Illa, y a otros cargos, esa investigación generó inquietud en el Ejecutivo y el ministerio
del Interior pidió al coronel información del trabajo de los investigadores.
Pérez de los Cobos, que solo debía reportar a la juez, se negó a dar esa información y
Marlaska le destituyó de su puesto en la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid.
Es decir, el coronel fue cesado por cumplir la orden de la juez, por cumplir la ley. Dos
años después el Tribunal Supremo (TS) sentenció que ese cese fue ilegal y ordenó la
restitución en su puesto de la Comandancia de Madrid.
La persecución de Marlaska a Pérez de los Cobos continuó al negarle el ascenso al
generalato y dárselo a otros mandos con menos méritos, ascensos que anuló en tres
ocasiones el TS. Pero Marlaska se pasó las sentencias por salva sea la parte y el
veterano Guardia Civil acaba de retirarse con el grado de coronel.
En su último discurso el pasado 12, el coronel reivindicó su compromiso con los
“valores seña de identidad” de la benemérita: “el honor, la disciplina, el espíritu de
sacrificio y la lealtad”. Concluyó su intervención con cinco palabras: “Señores, muchas
gracias, misión cumplida”.
En el caso de Pérez de los Cobos vs Marlaska, escribió Maite Rico, columnista de El
Mundo, se dan cita la decencia más rocosa y la inmoralidad más abyecta. Un
funcionario escrupuloso, que cumple con su deber, y un ministro que lo castiga por
ello”.
Que un jefe persiga con saña y destituya a un subordinado ejemplar es de miserables.
Demuestra que es un mal dirigente y peor persona que actúa siguiendo aquella máxima
visible en cuarteles del franquismo: “el que manda más, sabe más y siempre tiene la
razón”.
Marlaska fue un ministro servil -seguramente cumplía órdenes superiores-, vengativo y
sectario con Pérez de los Cobos. El coronel se queda sin generalato, pero conserva la
divisa del honor y la lealtad. El ministro pierde los valores de la decencia y la justicia.
“José María Fonseca Moretón, el vino como bandera y Galicia en el corazón”. Javier García Sánchez
Los caldos gallegos alcanzaron en él la máximadimensión mundial llegando a mercadosinsospechados. Solo a un genio como él se le pudo ocurrirconvocar un concurso de cartelismo para dar aconocer el caldo que contienen las botellas deTerras Gauda. De este modo evocaba a...



