
Ellos han creado este mundo que asumimos, ellos con sus aciertos o no aciertos, los nietos amados proceden del amor con que hemos criado a nuestros hijos.
Hemos dado lo que hemos podido, hemos enseñado lo que sabíamos, hemos sembrado amor, en la espera que fructificara.
Ahora, con nuestra piel, qué sido un libro para la historia, a veces parece que un arado romano, cultivó en nuestra epidermis, líneas escritas por la historia.
Mirada al horizonte, al futuro incierto y débil.
¿A qué sabe el beso del nieto? A miel, a miel de verde campo, de las más bellas flores y hermosas abejas.
Y cuando el beso es lejano, con que silencio, con cuanto dolor, es como la espera de nuestro nada, la falta de las abuelas, o los abuelos, es como la ausencia de una buena escuela.
En la escuela te enseñan mates, geografía o lo que indicasen los libros, pero el conocimiento que da una abuela o un abuelo, eso no hay escuela que lo enseñe.
Y duele en silencio, como después de la larga ausencia, te reclaman para que cuides de ese pequeño ser que tanto amas,
Ojo, he dicho para que le cuides, no para que disfrutes de él.
Hay abuelos que agradecen, otros aun con dolor, prefieren mantener la poca o mucha dignidad del momento.
Los abuelos no son una guardería.
Los abuelos son el padre o madre del hijo o la hija, ¡Padre y Madre!
Hay quien deja a los padres en el olvido y se espera que sus hijos hagan lo mismo, pero no, la enseñanza envenenada es, yo no te olvido, como tú olvidaste al abuelo, y le dan el cariño que nunca esperaban que nunca han sembrado, porque no todos somos o son iguales.
Manos que no dais, que esperáis.



