
Antes de finalizar el año le pediría al rey Felipe que tuviera vergüenza torera, y que no aceptase intimidaciones, de algún pelandrusco que están de paso.
Es una vergüenza que el rey emérito Juan Carlos, nacido en Roma en el exilio, permanezca un día más en el exilio, es una vergüenza para nosotros como país, una vergüenza para nosotros como ciudadanos.
Problemas de dinero y de amoríos.
En relación al dinero conocemos defraudadores, ladrones de terciopelo que están disfrutando en las terrazas de la Castellana o en otras comunidades, gentes sin vergüenza ni pudor.
Sobre los amoríos, si ello fuese causa entre lo del dinero y las infidelidades, este país estaría hecho un desierto, no digo yo que algún buen español o española, quedase en pie para seguir leyendo mis artículos de FB.
El rey Felipe debe de actuar en consecuencia, no puede ser víctima de interferencias, de presiones de desvergonzados, que están en tránsito.
Es un agravio comparativo, golfos, sinvergüenzas, gentes sin dignidad ni moral, permanecen aquí, y con razón, entonces cual sería la razón para mantener al emérito en el exilio.
El destierro era una pena prevista en el Código Penal de 1973 que consistía «en la privación impuesta al condenado de entrar en el punto o puntos establecidos en la sentencia y en el radio de distancia que la misma señalara, que podía comprender entre 25 y 250 kilómetros». Su abuelo falleció el 28 de febrero de 1941 en el Gran Hotel de Roma a causa de una angina de pecho.
O todos al exilio, al destierro o ninguno.
“Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, Ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. ¡Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor! No hay aplazaos ni escalafón, los inmorales nos han igualao… Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que si es cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón.”
Enrique Santos Discépolo



