Se marcha el 2024 y hacemos recuento.
Cierta persona tiene la costumbre que en celebraciones, comuniones, o etc., siempre deja una silla libre a su lado, en memoria, en recuerdo de la gente amada que ya no está a su lado, personas que le dieron la vida y o la felicidad.
Este año la vida fue agradecida, aumentando la familia, así pues decide celebremos la vida y dejemos las ausencias en el recuerdo.
Él tiene la virtud de tener en sus ojos fotografías de tiempos pasados, es más, en su cerebro, concretamente en el hipocampo, puede guardar videos, ver las películas, es decir, escenas reales, vivencias, pasado 20 o 30 años, recuerda, incluso los colores o las sonrisas, tiene la cualidad de poder recordar, como si fuese hoy, escenas de la vida, vivida hace esos años que menciono, recuerda el día que engendró, tiempo y lugar a su primer retoño.
No necesita llevar en la cartera foto alguna o ¡dios me libre! Llevar tatuado nombre alguno, sería un insulto al recuerdo.
Una nueva vida ha llegado a este mundo, muchas vidas llegaron a la vida.
Sin nuestros padres no existiéramos, pero no existirían nuestros abuelos y así, es decir, somos hijos de la vida, deseosa de sí misma.
Se acerca 2025 de la era cristiana, pues en otras tierras están en otros años.
Así que vamos a recibirle, con alegría, es inevitable recordar a los que faltan, pero más doloroso, es recordar a los familiares, amigos, seres vivos que han abandonado a sus familiares durante todo el año.
Doloroso el teléfono mudo, y más doloroso que suene hoy por compromiso, el amor no es caridad, es sentimiento, pasión, entrega, devoción.
No quiero repetir deseos de años anteriores, ya está dicho.
A mis lectoras, esas mujeres encantadoras, a los varones que me leen, a todos, en el sentido más plural de la palabra.
Que los vientos del Olimpo os sean propicios.
¡Vivir la vida! Para ello habéis nacido



