“Indignación en la zona cero”. José Castro López

08 Novembro 2024

Unos años después de que los filósofos griegos Tales de Mileto, Anaxímenes,y
Heráclito buscaran la esencia del universo o el principio fundamental de todas las cosas,
Empédocles de Agrigento recogió sus pensamientos y concluyó que “la tierra, el aire, el
fuego y el agua” son los cuatro elementos fundamentales de la naturaleza, que tiene
leyes que los humanos no deben violentar y un poder que no pueden controlar.
Traigo esto a colación a propósito de la riada de Valencia. Allí, como en otros territorios
de España, se agredió a la naturaleza cegando o desviando cauces, que eran la salida
natural del agua hacia el mar, para instalar fábricas, construir casas o infraestructuras.
Por eso mucha culpa de esta y anteriores catástrofes la tienen los sucesivos proyectos de
urbanismo que desafiaron al medio natural en combate desigual.
Es esta una de las mayores catástrofes habidas en España. Lo atestiguan la pérdida de
dos centenares largos de vidas humanas, un número indeterminado de desaparecidos y
la tragedia de muchas familias que lo han perdido todo. Se han perdido también cientos
de empresas y negocios que eran el sustento de los vecinos y el sostén de los pueblos
afectados. Un desastre. Ahora lo más urgente es enterrar a los muertos, buscar a los
desaparecidos, ayudar a los vivos a recuperar sus viviendas y reconstruir los modos de
vida que les aseguraban la subsistencia.
Por eso, esta emergencia catastrófica interpela a todas las administraciones. Primero al
Gobierno de España y después a la Generalitat Valenciana, que deberían caminar unidos
con acciones coordinadas para atender a todas las poblaciones. Pero presiento que los
políticos están afilando los cuchillos para utilizar después la catástrofe y señalar
culpables, convirtiendo el sufrimiento de la gente en un recurso más de sus estrategias
políticas. Ante tragedias como esta es una falta de madurez política y una bajeza moral
plantear “quién tiene las competencias o quien debe tomar el control”, un ejemplo de
libro de esta España invertebrada.
De hecho, la disputa política que derivó en tardanza en reaccionar provocó el sábado
pasado la irritación ciudadana contra las primeras autoridades del Estado, que convirtió
la zona cero de la catástrofe en la zona cero de la indignación, justificada por la
ausencia del Estado, por la falta de medios y diligencia en la gestión de la catástrofe
para dar respuesta a las víctimas que se sienten abandonadas. Los desastres exigen a los
políticos pisar el terreno despojados de intereses personales y partidistas.
No puedo concluir este comentario sin resaltar la solidaridad de los españoles. Miles de
voluntarios, múltiples puntos de recogida de alimentos y de ropa, donaciones a través de
Cáritas o la Cruz Roja… Una vez más, la solidaridad corrobora lo que decía Machado:
en España lo mejor es el pueblo.

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