“El lodazal de la política”. José Castro López

29 Outubro 2024

Rescato para este comentario una viñeta del humorista Puebla publicada un día 1 de
noviembre, fecha señalada para recordar a los difuntos. El humorista dibujó a un hijo en
el camposanto sentado sobre la tumba de su padre y le dice: “Papá, no sé si lamentar lo
que te estás perdiendo o dar gracias a Dios por ello”. Era el año 2017 y lo que pasaba
entonces era la DIU en Cataluña. Pero la duda del hijo cobra actualidad viendo lo que
ocurre hoy en España. Veamos:
Solo en los últimos días, Dios libró al bueno del hombre de episodios tales como ver el
posado del presiente del Gobierno con un comisionista preso; al Fiscal General
imputado, sin que dimita; al ex número tres del partido del Gobierno, en su día alter ego
del presidente, camino de la imputación; al ex portavoz de Sumar “un buen novio que
era a la vez un misógino” (Rita Maestre dixit) que dimitió por acosos sexuales que
practicaba desde hacía tiempo, mientras la “gauche divine” de Sumar se limita a pedir
disculpas y a ¡organizar un curso sobre feminismo!.
También le libró Dios de ver al presidente rodeado, presuntamente, de corrupción con
su mujer y su hermano imputados y varios ministerios señalados, mientras él sigue en su
puesto sin inmutarse, lo que nunca ocurriría en un país de nuestro entorno. Asimismo, le
libró de escuchar más versiones del viaje de la vicepresidenta venezolana a España, de
la esperpéntica comparecencia de Marlaska en la comisión del caso Koldo, que no se
enteraba de nada…
Otras gran liberación para este hombre fue dejar de ver la crispación política en su
apogeo, que se manifiesta en ataques e insultos y en el “y tu más”, que implica que
quienes lo utilizan son igual de corruptos. El paradigma de la crispación lo protagonizan
el presidente del Gobierno y sus ministros contra la presidenta de Madrid, y viceversa,
en una refriega de insultos cruzados. El odio entre ambas partes alcanzó el nivel de los
vaqueros del Oeste: “¡uno de los dos sobra en este pueblo, forastero!”. Y uno de los dos
acabará cayendo.
En fin, machismo, corrupción y crispación. Es muy fuerte que esto suceda con un
gobierno que nació contra la corrupción, para regenerar y sosegar la vida pública y para
fortalecer la democracia y resulta que la corrupción rebrota con más fuerza y en el
Congreso no debaten sobre los problemas del país, como paro, vivienda, inmigración,
nadie razona y todos sustituyeron las ideas por palabras gruesas hasta convertir el
Parlamento en un lodazal donde se tiran sus bajezas.
La triste conclusión de estos ejemplos y muchos otros es la degradación de la vida
pública, y la degradación de la calidad de la democracia. En palabras de Valle-Inclán,
han convertido la política en “un pestífero lamedal”. Que no se extrañen de la gran
desafección hacia la clase política, que viene a ser una clara reprobación ciudadana a
todos ellos.

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