Una cierta historia de amor.
Y que pequeño me hace.
Y en mi pequeñez no hay envidia, hay admiración.
José vista en la residencia a su esposa enferma de Alzheimer, todos los días, es su obligación diaria llueva o haga sol.
En la pandemia se daban besos a través del cristal, él ponía su mano, y ella con la suya la cubría, a veces no sabe quien es él, pero él sabe quién es ella.
Sus nietos la vistan, le regalan unas caricias, unos besos, ella solo sabe que hay gente buena que la quiere, el esposo José le muestra fotos de antaño, de fiestas y bodas, como intentando recuperar el tiempo.-
Sale en los medios la bella admirable historia de José.
Dicho esto yo no quiero hablar de José, quiero hablar que todo ello sucede, por como debió de ser ella para su amado esposo, como fue ella para su nietos, quiero hablar de la entrega de Luisa, la entrega cotidiana de atención a su esposo para que él no la abandone, para que él día tras día la visite, él es un ser de gratitud, gratitud que ella sembró.
Ella sembró en la familia el amor, como la hiedra a la vieja pared de ladrillo.
Le entregan la rosa que ella besa atreves de la ventana y ahí José se siente rosa, sabe que ella el amor eterno de su vida, no besa la rosa besa a su amado esposo a través de la rosa.
En general la sociedad ve el acto heroico, pero son pocos los que buscan el porqué.
Nada es causal, todo tiene sus razones.
Y cuando él o ella hacen actos admirables, enormes muestras de amor, es simplemente la respuesta a un amor sembrado que fructifica.
Decía el poeta, de alma cansada, vieja, triste y dolorida.
Te amo cuando no te amo,
Te amo en silencio.
Te amo sin amarte.
Te amo en sueños, y te amo al despertar.
Tengo celos del sol cuando llama a tu ventana.
Tengo celos del viento cuando juega con tu pelo.
Quisiera ser verde hierba de campiña para aromatizar tus pies.
En la playa arena, o mar para besar todos los poros de tu piel.
Sangre para recorrer la inmensidad de tu cuerpo.
Querer, querer quisiera, mi fiel y dulce compañera.



