“El odio en la política”. José Castro López

10 Xuño 2024


Un vendaval de odio sopla con inusitada fuerza en nuestro país y está marcando la vida
política, mediática y social. Hasta tal punto que muchos ciudadanos, hartos de tanta
polarización, recelan abrir las páginas de los periódicos o asomarse a los telediarios
porque los medios de comunicación también están contaminados y participan de la
división que tiene a España partida en dos.
La política, decía Valle Inclán, se ha convertido en “un pestífero lamedal”, que lo
contamina todo y cobran plena actualidad las palabras de Castelao en Sempre en Galiza
“a realidade actual da noxo”. Además de noxo, la situación a la que los políticos están
llevando al país da miedo, están rebasando todos los límites democráticos.
Se escuchó en campaña el grito “No pasarán” que equipara la España de hoy con la de
la Guerra Civil y niega a la oposición el derecho a existir; oímos a miembros del
Ejecutivo arremeter contra el Judicial, tercer poder del Estado; a un dirigente de la
extrema derecha amenazar con enfrentarse físicamente al Gobierno; calificar de
fascistas al que piensa distinto…
Hace doscientos sesenta años que Voltaire escribió el “Tratado sobre la tolerancia”, que
es el respeto a las ideas, creencias y prácticas diferentes o contrarias a las propias, y
tantos años después perviven actitudes intransigentes en el seno de la política y de la
sociedad que superan la crispación. Ahora ya estamos alcanzando el punto de saturación
del odio visceral al contrario.
Hasta destrozarlo dialéctica y políticamente, por ahora. Porque de seguir en esta espiral
no hay que descartar que la intolerancia y el odio degeneren en violencia física. Ocurrió
en el asalto al Congreso en EE.UU., en el atentado al primer ministro de Eslovaquia, a
la primera ministra de Dinamarca y en agresiones a dirigentes políticos en Alemania.
Aquí mismo ya hubo intentos de agresión en actos electorales.
En la Transición de la dictadura a la democracia los políticos de entonces de ideologías
distintas llegaron a grandes acuerdos para alumbrar un cambio de régimen que nos dio
los mejores años de estabilidad y progreso vividos en España. “Entonces, recuerda uno
de aquellos políticos, nos entendimos con gente que nos metió en la cárcel”.
Pero ahora los sucesores de aquella generación siembran el odio que desciende en
cascada por gran parte del cuerpo social. Prefieren ser nietos de la Guerra antes que
hijos de la Transición y, en su ligereza, vuelven a dividir a los españoles.
“¿No queda en España alguien con un poco de cordura que advierta que este discurso
del odio es una amenaza para la democracia y la cohesión social? Restaurar la
convivencia cívica requiere el esfuerzo de todos los sectores de la sociedad, empezando
por los políticos. ¿Se darán cuenta de que el odio en la política es una deriva que a nada
bueno conduce para el futuro de España?.

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