Los independentistas catalanes, especialmente ERC, quieren
aprovechar las aspiraciones de Salvador Illa -y también las de
Pedro Sánchez- de lograr la presidencia de la Generalitat, para
exprimir mucho más al Gobierno español, para poner en evidencia
que depende de ellos y conseguir mayores ingresos económicos
para Cataluña.
Es lógico. Tienen una oportunidad única y la explotarán al máximo.
El Gobierno de Sánchez depende directamente de ellos. Eso tiene
un precio. Un precio que va aumentando según la demanda. Si,
además del Gobierno la Moncloa, quieren la presidencia de la
Generalitat, tendrán que duplicar la oferta.
Actualmente, la cotización ha subido a un Concierto Económico
igual que el que disfrutan Navarra y Euskadi. El equipo de Sánchez
niega, rechaza y refuta tal posibilidad. Tan solo se avendría, dicen, a
un sistema de financiación singular, además de perdonar la
inmensa deuda que tiene la Generalitat con el Estado.
Los independentistas catalanes ya le dijeron en varias ocasiones al
Gobierno de Sánchez que siempre empieza negando tajantemente
una posibilidad para cambiar al poco tiempo de criterio y comenzar
a defenderla.
Pedro Sánchez ya defiende públicamente un sistema singular; es
decir, no plural, no para todos, específico para Cataluña. Lo suaviza
afirmando que esta singularidad no está reñida con la pluralidad de
las demás autonomías. Cosa imposible, porque solo en una mente
como la suya puede caber la singularidad de trato con una
institución y, al mismo tiempo extenderla a todas las demás. O es
singular o no es singular.
Por su parte, la ministra de Hacienda y vicepresidenta primera ya
promociona la necesidad de un sistema económica específico para
Cataluña. El primer paso, para Montero, es perdonar a Cataluña los
15.000 millones de deuda con el Estado. Se le perdona y ya está.
Eso es una bagatela de pago por una presidencia de la Generalitat.
Una chuchería, una minucia económica que no hace daño a las
cuentas del Estado. Como no hay Presupuestos Generales en 2024
-por decisión de Pedro Sánchez, cosa inédita en un presidente del
Gobierno español-, qué más le da a María Jesús Montero perdonar
esos 15.000 millones. Si tan sólo es uno de los pagos que nos hace
graciosamente la Unión Europea.
Es cierto que la ministra Montero dice que a ella no le gusta la
palabra condonar, perdonar; la parece más suave o tragable
socialmente que se diga “asunción de deuda de las autonomías por
parte del Estado”, o que el Estado se haga cargo de la deuda,
aunque entiende que decirlo así es más largo que con una solo
palabra, como condonar o perdonar. Y es que se trata de una
ministra singular.
Ya a lo largo de 2023 hablaban de perdonar la deuda de Cataluña,
pero también a todas las demás, coletilla que irrita siempre a los
independentistas. La vicepresidenta asegura que la medida se
ofrecerá a todas las comunidades sobre la base de “parámetros
objetivos y comunes”. Esta supuesta condonación ha sido cifrada
en unos 71.000 millones de euros. Otra bagatela para la
vicepresidenta.
Pues bien, por mucho que hable la ministra de Hacienda de
perdonar, condonar o asumir, los independentistas catalanes de
ERC quieren otra cosa, quieren un Concierto Económico como el
vasco. Quieren recaudarlo todo y luego pactar con el Estado lo que
Cataluña debe aportar al resto del país. Esto lo pide ERC para
ceder sus votos e investir al candidato socialista Illa. Esto lo quiere
también el sector de Puigdemont, pero junto con la presidencia de
la Generalidad, nada de Illa.
Viendo como han acabado todas las negativas, con juramento
incluido, de Pedro Sánchez y su evolución según las necesidades,
el paso siguiente que va a dar será la defensa pública y a ultranza
de un Concierto Económico para Cataluña. Seguirá la senda de los
indultos, la amnistía y el referéndum: negación rotunda, juramento
de rechazo total, para acabar considerándolos necesarios para la
convivencia de toda España.
Ya se lo dijo Rufián a Sánchez en el Congreso: “Dice que no habrá
referéndum, también dijo que no habría indultos, denos tiempo”. Lo
mismo aplicará al Concierto Económico catalán



