“El ejemplo de Portugal”. José Castro López

21 Marzo 2024


Antonio Costa, ex primer ministro portugués, tenía mayoría absoluta y al ver su nombre
vinculado a un caso de corrupción -después se demostró no le afectaba personalmente-,
presentó la dimisión que justificó con estas palabras: “la dignidad del cargo de primer
ministro es incompatible con mi permanencia bajo una investigación”. El presidente de
la República convocó elecciones de acuerdo con el primer ministro dimisionario
pensando en la regeneración de la vida pública.
Su sucesor, Pedro Nuno Santos, se comprometió a que “si yo no gano dejo gobernar al
centro derecha para que no tenga que depender del partido de la derecha radical Chega”.
Dicho y hecho. En la noche electoral reconoció su derrota y anunció que pasaba a la
oposición. A su vez, el candidato de la Alanza Democrática, Luis Montenegro, que ganó
por poco margen, se comprometió en la campaña y lo expresó en la noche del recuento
a “no pactar con Chega, el partido de la extrema derecha”, aunque sin su apoyo le va a
ser más difícil gobernar.
Los tres políticos protagonistas de este proceso electoral dieron una lección de
comportamiento democrático interpretando correctamente el dictamen de las urnas, que
es el mandato del pueblo. Antonio Costa dimitió para mantener la dignidad del cargo de
primer ministro; Nuno Santos deja gobernar a la derecha para que no pacte con los
ultras; y Luis Montenegro, que gana por la mínima, se desmarcó de Chega y afronta un
difícil gobierno en solitario que seguramente tendrá poca estabilidad. La conclusión es
que todos los protagonistas fueron fieles a los principios democráticos.
Comparen este escenario portugués con lo ocurrido en España. Aquí el perdedor de las
elecciones, en lugar de dejar que el ganador intentara gobernar sin Vox, hizo sus
alianzas con el nacionalismo independentista al que llaman progresista y se puso a los
pies de Puigdemont, el prófugo de la Justicia y líder de Junts el partido de la derecha
rancia y xenófoba, sucesor de la corrupta Convergencia.
Compró sus siete votos a cambio de la amnistía a la carta que borra delitos de suma
gravedad para mantenerse en el poder -para eso es la amnistía- que desmantela el Estado
de Derecho: la legalidad vigente, la Justicia, la igualdad, la seguridad jurídica… Es
decir, implica declarar culpable al Estado mismo por haber aplicado la ley a los que la
quebrantaron proclamando la independencia de Cataluña.
Corrupción aparte, que merece otro comentario, lo que ocurre en España es propio de
países gobernados por autócratas y está en contra de la conducta exigible a quienes
ejercen la función de gobierno que parece que ni creen, ni practican la democracia.
Los políticos de Portugal, el país vecino que tantas veces miramos con aires de
superioridad, dieron al Gobierno de España una lección de democracia auténtica.

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