“Grosera manipulación del CIS”. José Castro López

28 Febreiro 2024

Todas las encuestas previas a las elecciones del 18-F acertaron en la intención del voto
de los gallegos con diferencias mínimas en la adjudicación de escaños. Todas, menos
las promovidas por un medio de comunicación cercano al Gobierno de España y las tres
que realizó el CIS, el Centro de Investigaciones Sociológicas.
En los tres sondeos publicados entre el 25 de enero y el 12 de febrero sobre estimación
de voto en Galicia volvió a hacer un papelón equivocando sus pronósticos con todos los
partidos en una repetición de errores de anteriores procesos electorales.
El CIS ha dejado de ser el instituto demoscópico de referencia, ya no goza de
credibilidad y prestigio y sus estudios dejaron de ser fiables para conocer “el estado de
ánimo de la sociedad”: los problemas que preocupan a los ciudadanos, su percepción de
la situación política, económica y social y otras preocupaciones de la gente.
Su descrédito es de tal magnitud que nada de lo que ofrece es fiable, pregunte lo que
pregunte, los barómetros mensuales ya no sirvan para extraer información de utilidad para
empresarios, autónomos y particulares. El “mérito” de la pérdida de reputación es de su
presidente, el señor Tezanos, un sociólogo antaño reconocido que perdió su prestigio
desde que se puso al servicio del Gobierno como militancia socialista.
Viendo el cúmulo de desaciertos de este organismo en los distintos comicios, se puede
concluir que sus encuestas están concebidas como un servicio cualificado al Gobierno.
Inventa las preferencias de los votantes y pronostica unos posibles resultados que, en
lugar de responder a la pulsión de la sociedad, están cocinados con la intención de
“orientar” el voto de los electores, animando a unos y desanimando a otros.
Es un ejercicio de manipulación bochornosa y un claro ejemplo de corrupción política y
económica porque su presupuesto sale de los impuestos de todos los contribuyentes.
Tamaña “utilización política” representa una malversación de caudales públicos para un
uso tan espurio como “influir” en los votantes para complacer al Gobierno.
El CIS es el caso más grosero de colonización de las instituciones poniéndolas al
servicio del Gobierno, pero no es el único. Recuerden la “rendición” de la abogacía del
Estado, “de quien depende la Fiscalía” y sus nombramientos, las designaciones para la
presidencia del Consejo de Estado, para el INE, CNI, empresas públicas, como Renfe,
Correos, la SEPI, o para los medios de comunicación públicos Agencia EFE y RTVE.
Esto no acaba con la democracia, pero son señales de su degradación. Por eso es
imposible entender que el presidente Sánchez, que accedió al poder para regenerar la
vida pública, haya degenerado utilizando el CIS y casi todas las instituciones del Estado
en beneficio propio.

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