“José María Barreiro en la ciudad de la Cultura”. Alberto Barciela

30 Novembro 2023

El arte, un ritual de revolución, una pincelada que invoca esperanza al borde de un lienzo en blanco. La inspiración, una melancolía antigua que se reinventa una y otra vez en mentes privilegiadas, capaces de reinterpretar el mundo. En el caso del pintor José María Barreiro, la representación es la manifestación máxima de libertad y la transformación de lo vulgar en obra trascendente.

José María Barreiro, es un artista multifacético: pintor, escultor, coleccionista de arte, y un ser humano bueno y generoso. Sus obras reflejan una expresión singular de sentimientos puros, combinando los colores de la lluvia y la tierra para recrear una amplia paleta de emociones. Más que un simple artista, es un sabio diletante que se aventura, también en la música, la composición e interpretación de canciones y la poesía. Sus cuadros están repletos de su cotidianidad, con presencias como ciudades, bahías, barcos, gatos, sirenas, gramófonos, soles, lunas, instrumentos musicales, tangos y objetos cotidianos que se entrelazan en plásticos bodegones, un baile de trazos y colores, horizontes enmarcados por la imaginación.

La llegada de José María Barreiro a Santiago y a la Ciudad de la Cultura, como un peregrino estrella, en una exposición homenaje a Carlos Oroza en su centenario, titulada “O silencio/ que chove luz/na xanela”, comisariada por Antón Castro y Pilar Corredoira, es un acontecimiento que enriquece el legado artístico del tercer centro de Peregrinación de la cristiandad, con Jerusalén y Roma. La ciudad destino universal, acogedora, joven, universitaria, ha sido cuna de intelectuales y movimientos que lideraron la modernización de la cultura gallega y ahora lo es de la mayor, y en mi opinión, la más completa revisión de la obra del de Forcarei.

Con sesenta años de trabajo artístico, Barreiro se ha convertido en una referencia de la pintura gallega y mundial, con exposiciones en ciudades como París, Buenos Aires, Chicago, Miami, Lisboa o Caracas, y su obra  presente en la colección del Vaticano y en colecciones de Egipto, EEUU, o México y otros países.

El artista arriba a la Ciudad de la Cultura como un caminante humilde, pero como un faro de creatividad, iluminando los espacios y las mentes con su enfoque único y su profundidad artística. Las obras invitan a los visitantes a sumergirse en un mundo de colores, emociones y vivencias, donde cada trazo es una ventana a la alegría. Desde este nuevo ágora, Barreiro comparte su visión única, fusionando la melancolía y la pasión en cada enmarque, aportando su huella trascendente por el paisaje cultural de la Galicia de los siglos XX y XXI.

Sumergirse en el barreirismo es emprender un viaje de descubrimiento, un viaje hacia la vanguardia histórica -Lugrís, Laxeiro, etc.-. De manera mágica todo se hace presente en el Gaias y se proyecta intemporalmente. Es el tiempo precisamente el que se detiene, regresa y prospera en un torbellino de sensaciones que despiertan los sentidos y envuelven el alma.

Cada pincelada de este pintor es la expresión de un sutil eco de alma experimentada, de la esencia del pintor residente en Cela-Bueu.

Estamos ante un testimonio de su inquebrantable que perdurará con su luz guía para las generaciones venideras, como testimonio vibrante del poder transformador del arte; ante un

un hito en el panorama artístico de Galicia.

Con Barreiro estuvieron las máximas autoridades de Galicia, encabezadas por los Presidentes de la Xunta y del Parlamento, Alfonso Rueda y Miguel Santalices, el Conselleiro de Cultura, Román Rodríguez; el Director General de Cultura, Anxo Lorenzo; alcaldes como el de Brión, y un buen número de artistas, los Gabarrón, Cristóbal y su esposa, además de su hijo Cris, el gestor artístico más relevante de la actualidad; Úbeda, Moldes, Quintana Martelo, Acisclo Manzano, Carlos Rodríguez…., coleccionistas, galeristas, empresarios, periodistas, escritores y amigos, así hasta contabilizar más de 300 personas. Una cita sin duda histórica para el arte gallego que empezábamos a necesitar.

Alberto Barciela, texto y foto

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