
Antes de llegar el verano la asociación de periodistas suele entregar los premios parlamentarios a los políticos del congreso que más se han destacado durante el curso en diversas facetas. Allá por el 2018 una diputadade un pequeño grupo llamado En Marea se llevó el reconocimiento a la “parlamentaria más activa” es decir, la que mas enmiendas presenta y mas horas le hecha… la que más trabaja, vaya. Aquella no fue la única vez en que la actualmente candidata a presidenta tuvo un reconocimiento de la prensa parlamentaria especializada. No ha dejado de ser protagonista la ministra de trabajo durante estos años, aunque ahora la mayor parte de la prensa y de sus colegas de profesión se dediquen a elogiarla menos. Para unos es muy roja; para otros es ya parte del sistema; para los de mas allá es muy españolista; y para otras tantas es nacionalista. Es por ello que me voy a permitir el lujo que
este espacio me ofrece para abogar por el diablo.
No cabe duda que, como todos las personas y especialmente la casta política, Yolanda Díaz tendrá sus cadáveres en el armario. De hecho, cualquiera se apunta (o le apuntan) a ser un fiambre en la lista de la ferrolana. Incluso se diría que la vicepresidenta fuese la misma imagen de la muerte, pues todo aquel que parece caer tras de sí de repente se vuelve beata. Por ejemplo Pablo Iglesias, el mismo Lucifer para la mayor parte de la prensa nacional, ahora es casi un buen chico después de pelearse con Díaz o Irene Montero, la feminista maldita, ha pasado a ser para la prensa casi una huérfana desamparada después de que Yolanda la apartase del proyecto Sumar.
Les prometo que no escribo estas palabras como militante, esa época ha pasado ya para mí. Escribo esto como ciudadano de clase obrera que ha visto las tres subidas salariales conseguidas por la ministra. Lo escribo como quien ve que la reforma laboral de M.Rajoy ha quedado atrás aunque sea de una manera un tanto pírrica, pero bastante efectiva. Lo hago como quien cree que, en lo que se refiere a mejoras para la clase trabajadora y los pensionistas, la ministra de trabajo se lo ha currado mucho en muy poco tiempo y con muy pocos diputados a sus espaldas y en este caso, que es el de defendernos de este nuevo esclavismo encubierto imperante, el fin sí justifica los medios. Y sepan que lo hago desde el conocimiento de quien trabaja para una multinacional, en pleno corazón de las tinieblas, y sabe como se las gasta este sistema neoliberal con las horas trabajadas; los contratos; los despidos y otras lindezas que rayan en comportamientos casi mafiosos que deben detenerse y atacarse.
Los fans mas histrionicos de Díaz la califican como “la mejor ministra de la historia moderna”. Si ese título se mide en hechos concretos y no en palabrería para la hemeroteca hay que decir que non les falta algo de razón. Al fin y al cabo, si elegimos a nuestros representantes en este sistema imperfecto es para que nos defiendan y mejoren nuestra calidad de vida. Si usted tiene posibles de sobra e incluso propiedades a explotar, tiene todo el sentido que defienda a los más conservadores del espectro político. Por el contrario, si usted llega a fin de mes con dificultades (o simplemente no llega) lo sensato sería escoger una opción más social… aunque este país no destaquemos especialmente por nuestra sensatez.
Llámenme reaccionario si lo desean, pero creo está muy bien que una ministra de los trabajadores no sea la mejor amiga de CEOE. En mi opinión, no está este país para permitirse poner al zorro a cuidar de las gallinas aunque, desgraciadamente, parece que hay muchas papeletas para que eso ocurra. Y lo peor es que el zorro vendrá de la mano con las hienas, esas que se ríen mientras trituran los huesos de los más débiles. Suspiren mientras el aire sea gratis.



