
Recupero una vieja viñeta -citada en algún comentario anterior- que Forges, el maestro del humor crítico, publicó cuando arreciaba la crisis financiera de 2008 porque viene como anillo al dedo para expresar lo que ahora está ocurriendo. El genial humorista expresó aquella convulsión con el dibujo de un ciudadano acompañado de su hijo
pequeño en un bar y allí pide al cliente que lee el periódico en la mesa contigua: “Perdone, ¿podría leer el periódico para allá, que me está asustando al niño?”.
Asustaban entonces las malas noticias políticas, económicas y sus muchas consecuencias sociales.
Algo parecido sucede estos días. Asustan “al niño”, que es un trasunto de la mayoría de los españoles, la escalada de la inflación y la pérdida de poder adquisitivo; la subida de las hipotecas, que asfixian a millones de familias; las cifras irreales del paro; los centenares de delincuentes sexuales beneficiados por la rebaja de las condenas; el rebrote de la corrupción, casos ”Mediador”, la adjudicación de obras en Cantabria, Azud y otros; la impunidad de los okupas; la inacción del Gobierno ante la huelga que paraliza la justicia; el esperpento de los trenes de Asturias y Cantabria…
Además de esto, es noticia relevante la deslocalización de Ferrovial que se va a Holanda donde tiene mejor trato fiscal; mejor trato político -allí él gobierno no insulta a los empresarios-; y un marco jurídico más estable. Esta última razón es un “rejón de muerte” para la marca España y desprestigia a este Gobierno intervencionista y “maltratador” de empresarios, abre la puerta de salida para otras empresas y espanta a muchos posibles inversores de España.
La reacción de los ministros demonizando a Ferrovial y el ataque del presidente a Rafael del Pino en Dinamarca, revelan que este Gobierno está alterado y fuera de sí haciendo “oposición económica” al proceder de empresas en Europa y en el mundo democrático occidental donde decisiones como la de Ferrovial no son extravagantes, ni antipatrióticas, son legítimas y acordes con la libertad de establecimiento consagrada por la legislación europea que debe conocer Nadia Calviño.
Ferrovial compitió con otras empresas por la adjudicación de obra pública y cumplió con los contratos que ganó en buena lid. Por eso el Gobierno, en lugar de rasgarse las vestiduras en una orgía de demagogia, debería preguntarse por las causas de su decisión y analizar el malestar de otros empresarios.
Es un caso único en el mundo que el Gobierno de España y su presidente, que está recorriendo Europa, arremetan contra empresarios que salen a diario al mercado.
Ningún gobierno serio se dedica a amenazar e insultar a los creadores de empleo y riqueza para el país.



