
El pasado 20 de diciembre murió Ramón Allegue, exportero del Celta de Vigo en los años 50, conocido con el nombre de “Tigre” Padrón. Varias han sido las notas de prensa que lo recordaron, tanto en su trayectoria futbolística como humana.
Yo quiero recordar su pasado como entrenador en el Atlético de Riveira. Acababa de ascender por segunda vez el Atlético de Riveira a Regional Preferente en una eliminatoria muy ajustada contra el Brigantium, en el que jugaba un joven portero llamado Buyo. Se ganó en Betanzos por uno cero y se empató a cero en Frións.
Terminado el partido ya se conocía el fichaje del nuevo entrenador para la nueva temporada. Un fichaje ya con polémica entre los aficionados, creo recordar, y no se la razón.
El “Tigre” Padrón fue, como portero, visceral, apasionado vehemente e intuitivo. Así lo describía Toño Arca en su emotiva y oportuna reseña, como buen celtista, en la Voz.
Decía Arca que no tuvo el gusto de conocerlo, pero acierta en sus palabras. En Ribeira lo conocimos como entrenador. Efectivamente, visceral y vehemente, pero sobre todo apasionado en su labor como entrenador. Esa nueva temporada del Atlético, recién ascendido a la Regional Preferente, coincidió con un buen equipo de juveniles, entrenados por otro buen entrenador también apasionado por el fútbol, aunque por formación, mas pedagógico. Que gran campo de pruebas es el fútbol para la pedagogía cuando se sabe aprovechar.
Ya han pasado muchos años desde aquella temporada esplendida en el campo de Frións (75/76).
Fue un entrenador que hacía participar a los juveniles canteranos en los entrenamientos del primer equipo y a lo largo de la temporada nos fue convocando a algunos para los partidos oficiales.
Si algo valoraba Padrón en los jugadores era la pasión por el fútbol y el compromiso con la camiseta. Y así empezamos aquella buena promoción de futbolistas. Sin negociaciones, solo por la satisfacción de jugar en el equipo de la ciudad. En el fútbol como en todos los deportes, el entrenador te puede guiar, pero tú tienes que poner la pasión para merecer estar. Despois, tempos son chegados, virou hacia onde virou.
Las polémicas con el público fueron varias y algunas fuertes, con amenaza de dimisión incluso entre directivos. Era celebre la expresión de “quinta columna” refiriéndose a un grupo de aficionados, enfrentados al entrenador, por cualquier cosa. Entre ellos también había los que desahogaban sus frustraciones pretéritas con insultos, en el campo, a todo aquello que se moviera, o que no se moviera.
Con los jugadores, creo recordar que siempre fue respetuoso y cordial. Eran célebres sus lecciones de pizarra, allá donde fuéramos a jugar. Memorable su explicación previa ante el Fabril en Riazor. Hizo creer a cada jugador del equipo que eran la misma imagen que los mejores del Real Madrid. Ferradas tu eres Miguel Ángel. Juancho tu eres Santillana. Vidal tu haces de Breitner, y así uno por uno. No pasamos de
medio campo pero el resultado fue un empate con un gran Ferradas en la portería.
Su sistema de juego, la posición que le hacía ocupar al libero, por delante del central. O cuando me alineaba, me pedía, en alguna fase del partido, que marcara al libero para asombro de mi marcador. Me hizo debutar en el campo de Pasarón frente al Pontevedrés. Empatamos a tres.
En general valoro mucho a todos los entrenadores con los que defendí los colores del Atlético de Riveira, y de los que tengo gratos recuerdos, pero siempre aquel entrenador que te da la confianza para pasarte al primer equipo y es capaz de proyectar tu trayectoria como fue el “Tigre” Padrón, merece mi reconocimiento y por su forma de ser siempre estará en mi memoria, y espero que en la historia del Atlético de Riveira.
Gracias Míster.



