“La picaresca, como siempre”. José Castro López

Con la crisis reaparecen los pícaros en versión siglo XXI que no son personas marginales, como el Lazarillo o Guzmán de Alfarache. Son ciudadanos “aseados” que, como ellos, recurren a la picardía, al engaño y a la estafa.
Traigo a colación esta creación de la literatura en los silos XVI y XVII a propósito de dos hechos que ocurren ahora. El primero es la reventa de productos adquiridos con el bono cultural, la ayuda de 400 euros para jóvenes que cumplen 18 años, creada para incentivar el consumo de cultura presencial y digital: libros, prensa, discos, suscripciones, podcasts, videojuegos y acudir a espectáculos, como conciertos, teatro, cine o museos.
En la plataforma Wallapop de compraventa de productos de segunda mano entre particulares ya aparecieron anuncios en los se ponen a la venta videojuegos como Fifa23, series como “Juego de Tronos”, lotes de libros, y los vendedores ponen la coletilla “Comprado con el bono cultural. Prefiero el dinero”. Es una clara desviación del objetivo de esta ayuda.
El segundo hecho es el de los abonos gratuitos de Renfe para cercanías y media distancia cuya concesión tenía varios requisitos que muchos usuarios incumplieron.
Reservan uno o dos billetes a distintas horas -“por si me quedo dormido”- y llegado el día se presentan a una hora o no se presentan y los trenes circulan “completos” según la web de Renfe, pero en realidad van medio vacíos.
Este no es un problema menor, como dijo la ministra de Transportes hace pocos días en A Coruña. El overbooking de los trenes provocado por las reservas masivas que después no se utilizan perjudica a otros usuarios que, necesitando la subvención para viajar, no pueden hacerlo porque los trenes están “virtualmente” completos.
Claro que los culpables son los ciudadanos faltos de conciencia cívica y solidaria, pero Renfe, que ahora anuncia medidas correctoras, debió prever estos abusos y, con todas las tecnologías a su disposición, pudo evitar tantos desmanes.
Hay otra picaresca que, si no es delictiva, roza el delito. Como el fraude de quienes cobran subvenciones del Estado o de las Autonomías -el Ingreso Mínimo Vital, el paro, la Risga y otras ayudas- que complementan con “chapuzas” opacas al sistema y rechazan trabajos reglados porque ganan más en la economía sumergida y viven mejor.
Estos subsidios sin controles son una de las causas del elevado paro estructural y de que muchas empresas no encuentren trabajadores en el mercado laboral.
En fin, que la picaresca forma parte de nuestro ADN. Está incrustada en nuestra cultura y los pícaros, lejos de estar mal vistos, son admirados por su picardía y considerados como seres espabilados, nunca como malos ciudadanos.