“La noche de Halloween”. José Castro López

Los lectores veteranos seguro que recuerdan al semanario El Caso fundado en 1952 que publicó con gran despliegue los sucesos que se producían en aquella España, desde crímenes horrendos y desapariciones misteriosas, hasta otros episodios de enorme dramatismo.
Rescaté del recuerdo esta publicación en la tarde-noche del día de Santos al ver en los medios digitales y en los informativos las noticias de la trágica noche de Halloween, que eran una crónica de sucesos que abrirían entonces las páginas de El Caso y conmocionan ahora a esta sociedad, aunque está curada de muchos espantos.
Sin entrar en detalles, impresionan la muerte violenta de tres chicos de 18, 20 y 28 años, apuñalamientos en varias ciudades, 18 menores detenidos por agredir a varias personas en Sevilla, peleas, robos, amenazas, agresiones sexuales, dos adolescentes ingresados por coma etílico en Santiago, agresión grupal con varios heridos en Ourense, las ciudades amanecieron -unas más que otras- con un aspecto lamentable en los escenarios del botellón, con secuelas en las calles, en el mobiliario urbano…
No se puede demonizar a los jóvenes, ni generalizar. Están en la edad, tienen derecho a divertirse y la mayoría lo hace respetando las normas de convivencia. Pero son muchos los que se desmadran y convierten la noche en un campo de batalla que deja este reguero de sucesos.
¿Qué está ocurriendo? Que se instaló en la sociedad la cultura de la “barra libre” en una clara hipertrofia de derechos y atrofia de deberes, se perdieron lo que se llama “buena educación” y las pautas de comportamiento que enseñaban los viejos libros de Urbanidad y buenos modales…
El sociólogo Alejandro Navas, profesor de la Universidad de Navarra, advierte de un “asilvestramiento de las nuevas generaciones de españoles y de la sociedad en general” que atribuye a una pedagogía antiautoritaria. “Muchos padres educados de forma autoritaria querían para sus hijos otra cosa y al privarles de pautas por las que regirse les han causado desorientación. No se atreven a imponerles nada y los jóvenes acaban creciendo sin normas, ni modales”. Una dejación de funciones en el ámbito familiar, que se trasladó al sistema educativo.
Este curso ya se imparte en la enseñanza Valores Cívicos y Éticos para la formación de jóvenes como buenos ciudadanos. Es muy importante que la nueva asignatura no entre devaluada en el sistema y consiga transmitir la conciencia cívica: el uso responsable de la libertad, la tolerancia, la correlación de derechos y deberes y el respeto a las normas, a las personas, a las ideas y a los bienes de todos.
Todos estos son valores necesarios para vivir en sociedad. Y son compatibles con la diversión.