“Asesores y cargos de confianza”. José Castro López

A mediados de agosto, el Consejo de Transparencia instaba al Ministerio de la Presidencia de Bolaños a detallar en el plazo de diez días, ya transcurridos, cuántos asesores y vocales hay adscritos al Gabinete del presidente del Gobierno, qué tareas tienen encomendadas cada uno, cuál es su titulación académica y experiencia profesional acreditadas y cuáles fueron sus retribuciones desde 2020.
El mandato del Consejo deriva de que en setiembre de 2021 un ciudadano reclamó estos datos al Departamento de Bolaños y al no tener respuesta acudió a este organismo encargado de velar por la aplicación de la ley de Transparencia que estimó su petición y exige que ese ministerio remita esa información al reclamante.
Desconozco la respuesta de Bolaños, pero debería ser el primer interesado en dar a conocer la relación de asesores y cargos de confianza adscritos a Presidencia y a otros ministerios para acabar con las especulaciones sobre su número, que el diario Expansión concretaba en marzo en 785 repartidos entre los 22 ministerios y de esa cifra, 370 están en el área de Presidencia. ¿Tendrán tiempo en Presidencia y en los ministerios para escuchar a tanto asesor?
Esta alegría en la contratación pública -Moncloa aumentó, además, un 13% el número de altos cargos en 2021- es un despilfarro para las arcas del Estado que nutren nuestros impuestos y la economía del país no está para despilfarrar dinero público. Es ya un clamor que se reduzca el gasto de la estructura y entramado administrativo del Gobierno central y también de las Autonomías. Empezando por eliminar ministerios inútiles, siquiera como medida ejemplarizante y siguiendo por rebajar la cifra obscena de 20.000 millones del Plan de Igualdad sin proyectos definidos, por acabar con los viajes turísticos de ministras a Nueva York, por eliminar campañas absurdas, tantos asesores y cargos públicos para colocar amiguetes.
Y la política de subvenciones. Los Sindicatos recibieron 17 millones, un 23% más que el año pasado y hay cientos de ayudas clientelares a entidades afines. Alguna tan pintoresca como la del ministerio de Exteriores que concedió 1.118.000 euros (BOE, 3.12.2021) a la acción titulada “Mujeres, café y clima: empoderamiento femenino para la resiliencia socioeconómica de la cadena de valor del café frente al cambio climático en Etiopía”. Un título propio de una película de Berlanga.
Todos esos y más gastos que no conocemos -el ciudadano percibe un despilfarro descomunal- se pueden recortar. Es la grasa del Estado, decía Juan Rosell, que hay que eliminar con una política que racionalice el gasto y destine el ahorro a “otros usos alternativos” que mejoren la vida de todos los ciudadanos.