“Los libros de texto”. José Castro López

Los libros de texto adaptados a la LOMLOE que las editoriales han enviado a los colegios para que decidan cuales escogen para el próximo curso, generan una nueva polémica que tiene su epicentro en Madrid, donde los expertos de la comunidad concluyen que contienen una elevada carga ideológica, pero son contestados en otras autonomías -incluida Galicia- que también rechazan esos libros por sus contenidos sesgados para adoctrinar a los alumnos.
Rechazo parecido provocan entre muchos padres y profesores. Docentes como Santiago Pellón, profesor de Filosofía en el IES José María Pereda de Santander, denuncian tergiversación y falta de rigor en manuales de Bachillerato que “infantilizan a los adolescentes, no los animan a pensar cuando pensar, decía Ortega, es siempre hacerse
preguntas para que haya riqueza de respuestas”.
No tuve ocasión de analizar esos libros. Pero, de acuerdo con lo que cuentan profesores y expertos en cuestiones educativas, transmiten más opiniones tendenciosas que conocimientos objetivos. Como un libro de Filosofía de Bachillerato que en el capítulo de la conquista de América asume la leyenda negra y no cuenta lo que España llevó a aquel continente, como la lengua, la imprenta o las universidades.
Hay más ejemplos. Un texto de Geografía e Historia de 3º de ESO de la editorial Vicens Vives vierte sospechas sobre la credibilidad del periodismo al que atribuyen la fabricación de noticias falsas y dice que los medios de comunicación están al servicio de los intereses del gran capital.
En libros de cuatro editoriales se censura a los filósofos (Platón, Aristóteles, Rousseau, Nietzsche, Ortega y otros) por su machismo, descontextualizando sus afirmaciones.
“Las editoriales, dice Sánchez Tortosa, profesor de Filosofía en la Complutense, incurren en “anacronismo valorativo”, es decir, repudian realidades históricas desde parámetros morales actuales.
Lamentablemente, siempre hubo gente interesada en manipular la mente de los escolares. Maribel Fernández Alonso, profesora en la Autónoma de Barcelona, señala que las políticas educativas “parecen más orientadas a inculcarles lo que han de pensar que en dotarles de herramientas para que aprendan a pensar en libertad”. El ser humano, dice Emilio Lledó, es lo que la educación hace de él. Si interrumpes con grumos perversos la limpieza natural y capacidad de aprender de los niños les provocas un problema de por vida. La consecuencia es la confusión y la ignorancia”.
Por eso, es comprensible la preocupación de padres y educadores y su exigencia de que los contenidos de los libros se alejen de la obsesión malsana de adoctrinar en las aulas y sirvan para formar alumnos que piensen por sí mismos.