“Más que insultos”. Xosé Antonio Perozo

CUESTA aceptar la presencia de un individuo de extrema derecha, José María Sánchez, juez de oficio y diputado de Vox de beneficio, subido a la palestra del Parlamento español llamando nazis al presidente del Gobierno y a uno de sus ministros. Cuesta entender el silencio de Ana Pastor, vicepresidenta segunda de la Cámara, en esos momentos en función de presidenta, limitándose a pedir silencio ante los murmullos de sus señorías, sin obligar al susodicho a retirar sus exabruptos. Y sorprenden las voces que equiparan a la extrema derecha con otros partidos demócratas usando el “y tú más” de cualquier junta de vecinos.

Pretender salvaguardar a Vox con los pecados pretéritos de EH Bildu, junto con el presunto independentismo de Esquerra Republicana, como si constituyeran un peligro para la democracia es un interesado despropósito que, de momento, nos está costando la desaparición del diálogo civilizado, del centro democrático y del voto útil de la ciudadanía no militante. El partido vasco y el catalán, hoy por hoy, son independentistas, no antidemócratas. Las extremas derechas juegan a caballos de Troya contra la pluralidad y los derechos individuales. Si no se entiende esta diferencia y se milita en el cortoplacismo oportunista acabaremos lamentándolo mucho.

Es evidente que Vox tiene derecho a existir y a cosechar votos. Ellos caben en nuestro sistema, nosotros en el suyo acabaremos siendo proscritos. Esto es viejo, pero no lo es tanto que desde la derecha democrática se les conceda patente de corso y se les pongan alfombras azules para llegar a las instituciones, como está sucediendo en Castilla y León y, como se presupone, sucederá en Andalucía. De este modo, Vox no es un mal necesario, es un peligro inminente.

Los insultos del juez José María Sánchez se produjeron mientras Alberto Núñez Feijoo se reunía con Felipe VI, la víspera del encuentro con Pedro Sánchez en La Moncloa. Seguro que no fueron casuales, simplemente Santiago Abascal quiere poner contra la espada y la pared al flamante presidente del PP. Si este se mantiene en la tibieza con ellos y no es capaz de encontrar apoyos o cerrar acuerdos con el PSOE para gobernar, el camino trillado por Pablo Casado ya lo conoce.